Atacama: ¿caso aislado o síntoma?
Noviembre 5, 2023

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Atacama: ¿caso aislado o síntoma?

José Joaquín Brunner, 5 de noviembre de 2023

El origen de los problemas es el diseño mismo de los SLEP; un diseño de gran escala, altamente centralizado, concebido desde arriba hacia abajo, como una cadena vertical de control y comando, desde una Dirección Ministerial hasta los establecimientos, basado en la desconfianza de la autonomía e iniciativa de los colegios y sus comunidades escolares.

Así se ha planteado el debate en torno a la paralización de los establecimientos del Servicio Local de Educación Pública (SLEP) de Atacama. Para los proponentes de la primera alternativa, allí sólo hay una crisis particular; un paro docente frente a un Servicio que experimenta un desastre “en lo financiero, en la infraestructura y en lo pedagógico”, según el presidente del Colegio de Profesores de la Región. Quienes sostienen la segunda alternativa, en cambio, ven manifestarse ahí una crisis más general de los SLEP, donde—como en los casos de Ancud, Colchagua y Til Til—se han manifestado problemas similares.

Los primeros llaman a resolver puntualmente el desastre, partiendo por los aspectos de infraestructura que, según la información local, son: malas condiciones de los baños, plagas de ratones, salas de clases pequeñas para muchos alumnos y la falta de instrumentos para hacer clases y tareas prácticas. Un estado de cosas para el que se carece, incluso, de un catastro actualizado.

Los segundos, esgrimiendo una auditoría de la Contraloría General practicada a los SLEP Licancabur, Iquique, Punilla Cordillera, Maule Costa, Magallanes y Aysén—que apunta a errores contables, falta de control y vigilancia y desórdenes administrativos—proponen una solución más radical. Por ejemplo, una Diputada opositora pide congelar la implementación de nuevos Servicios pues “no queremos que esto se repita en el resto de las regiones y que más niños tengan problemas con la educación”.

Mi propia visión es que no estamos frente a una disyuntiva por una de cuyas alternativas habría que optar. Enfrentamos un proceso que envuelve a ambas, el cual se necesita abordar con premura.

El SLEP Atacama es, efectivamente, un desastre. Administra 78 establecimientos entre jardines infantiles, escuelas y liceos en cinco comunas: Copiapó, Caldera, Tierra Amarilla, Chañaral y Diego de Almagro. La mayoría se encuentra sin clases desde el 4 de septiembre pasado, afectando a unos 30 mil alumnos.

¿Podía anticiparse este desastre local?

Pudo y debió anticiparse. Desde el año pasado venían encendiéndose las alarmas.

Luego, al inicio del presente año escolar, volvieron a reclamarse mejoras de infraestructura. Según recuerda la Senadora de la Región, “se llegó a la firma de un protocolo con las autoridades actuales, y eso se cumplió en menos de un 10%”. Y en junio pasado, el propio MINEDUC completó una auditoría al SLEP para verificar sus procesos financiero-contables, rendiciones de cuentas, ejecución presupuestaria e indicadores de gestión, infraestructura, inventario y recursos humanos, respecto del año 2022 y de enero a marzo de 2023.

¿Resultado? En opinión de la auditoría, el sistema de control interno adolecía de graves debilidades en los controles internos; falta de control de gastos, de supervisión de procesos, de gestión de los recursos recibidos, de las metas comprometidas, fallas en las compras públicas y falta de planificación, gestión y control de los servicios otorgados. El ministro Cataldo fue más lejos; aquí puede haber irregularidades graves, dijo.

No es extraño entonces que el desempeño propiamente educacional de este SLEP sea deplorable. Por ejemplo, los aprendizajes muestran una caída en el SIMCE de 4º Básico que duplica la registrada por los SLEP a nivel nacional. Y la mitad de los alumnos asistía a menos del 85% de las clases. ¡Ahora un 100% está sin aulas!

Tal constelación de factores negativos se halla presente, en diferentes magnitudes, en los demás diez SLEP en funciones. De hecho, el Informe Anual de Seguimiento de 2022, del Consejo de Evaluación del Sistema de Educación Pública (28 de abril de 2023), apunta en esa dirección.

Muestra que hay serios problemas en diferentes aspectos: rigidez de reglas presupuestarias; sobrecarga administrativa de directores y profesores; personal y medios insuficientes; dificultades en el traspaso desde los municipios a los SLEP; escasos cambios en las actividades pedagógicas de estos últimos; restricciones de equipamiento que afectan a los alumnos; sobredotación heredada de personal y personas que llegan a los SLEP a ocupar cargos sin preparación ni experiencia.

¿Cuál, entonces, es el origen de este cúmulo de problemas?

El diseño mismo de los SLEP; un diseño de gran escala, altamente centralizado, concebido desde arriba hacia abajo, como una cadena vertical de control y comando, desde una Dirección Ministerial hasta los establecimientos, basado en la desconfianza de la autonomía e iniciativa de los colegios y sus comunidades escolares. En breve, un diseño técnico-académico cuyos autores parecen haber sido más fieles a un paradigma ideológico de lo público-estatal que a una sensibilidad escolar práctica, de construcción desde abajo hacia arriba y unos períodos suficientes de ensayo, error y aprendizaje.

Suele decirse en defensa de este diseño que él fue aprobado con la concurrencia de todas las fuerzas políticas, lo que no subsana el desaguisado inicial sino que lo reparte. Debe notarse, además, que hubo bien fundadas objeciones y dudas frente a aquel diseño, que fueron pasadas por alto.

Creer que las fallas, desajustes e inefectividad de las administraciones municipales iban a solucionarse por el mero hecho de traspasarlas burocráticamente a una agencia estatal centralizada y delegada a unos SLEP es la base de la actual crisis de la educación pública-estatal. Esto implicó “un proceso de recentralización e incremento de la escala administrativa inédito en el mundo”, según un estudio de investigadores de la UAI y la UCH (2022). Como resultado tenemos ahora un número en aumento de Servicios mal administrados, con frondosos organigramas, sobredotación de personal y subdotación de capacidades de gestión, encargados de establecimientos escolares que esta superestructura no logra sostener.

Lo que se requiere, por lo mismo, es revisar—tan a fondo como es la crisis—el diseño adoptado para descentralizarlo, flexibilizarlo y darle una gobernanza que opere en un horizonte temporal más amplio y experimental.

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