Balance y perspectiva
Diciembre 15, 2013

Balance y perspectiva

Hay tres lecciones que el próximo gobierno, que se elige hoy, puede aprender de la acción educativa del gobierno del Presidente Sebastián Piñera.  

José Joaquín Brunner, 15 de diciembre de 2013

¿Qué se puede aprender de la acción educativa del gobierno de Piñera que resulte útil para el próximo gobierno que elegiremos hoy? Propongo tres lecciones para comenzar esta conversación.

Primera lección: Sin agenda y prioridades el sector queda a la deriva. Significa que no tiene dirección determinada y se halla a merced de las circunstancias. Así ocurrió bajo el actual gobierno. Nunca definió objetivos y prioridades. Tampoco pudo encauzar la presión social y liderar un proceso de convergencia de voluntades. Sembró expectativas -de mejoramiento, buena gestión, nuevas ideas-, pero termina con una impronta de improvisación, confundido frente a la complejidad de los problemas, con escaso reconocimiento público y una alta rotación de ministros: cuatro en cuatro años; récord de inestabilidad.

Al próximo gobierno podría sucederle algo parecido. Ha prometido cambios de magnitud para un período fugaz: gratuidad para todos en todos los niveles; transformación radical de la estructura de propiedad, gestión y control de los sostenedores; nuevo estatuto docente; modelo distinto de financiamiento público para los niveles preprimario, escolar y superior; reducción de la segregación; garantía constitucional de la calidad. Todo esto junto con un generoso financiamiento, incluso para los jóvenes herederos del capital económico, social y cultural acumulado en las familias burguesas.

Será necesario poner este ambicioso programa en una agenda bien definida, trazar una carta de navegación, determinar un calendario y evitar así que las expectativas, presiones, pasiones e intereses descarrilen el programa y hagan perder el rumbo del sector.

Segunda lección: Para conducir procesos tan complejos como las transformaciones del sistema educacional se requiere que el gobierno comunique ideas precisas y formule orientaciones capaces de ordenar a la opinión pública. En esto el gobierno saliente falló. Las ideas educacionales del Presidente y su equipo oscilaron entre la retórica convencional que promueve la excelencia, los altos estándares y una fuerte presión sobre los colegios y profesiones mediante incentivos y castigos por un lado y, por el otro, una práctica más bien modesta, pero bienvenida de aumento de la inversión pública en el sector. Es decir, el gobierno debió olvidar sus quejas de 15 años contra esta práctica que ayer acusaba como típicamente socialdemócrata.

Las ideas y orientaciones educacionales del probable próximo gobierno aparecen aún en fase de clarificación y resolución de conflictos internos. En efecto, hay una serie de tensiones en dicho pensamiento: entre centralismo y descentralización efectiva, autonomía de gestión para los colegios o control comunitario de los mismos, acceso abierto o selectivo a la educación superior, administración municipal o ministerial de los establecimientos, existencia o no de exámenes externos, gratuidad universal prioritaria para la educación obligatoria o superior, prohibición o promoción de sostenedores privados, subsidios a las demanda o la oferta, etc. No será fácil conciliar posiciones en corto tiempo en todos estos frentes.

Tercera lección: Las capacidades del Estado, gubernamentales en particular, son insuficientes para un adecuado manejo de tareas complejas de cambio educacional. El gobierno actual -de avezados gerentes, se dijo- aprendió esta lección abruptamente, sin siquiera iniciar una modernización del gobierno sectorial. Deja un pobre legado en este aspecto.

Para el gobierno que asume en marzo próximo con la agenda más ambiciosa de transformación educacional desde 1970, es una lección decisiva. ¿Cómo modificará la organización del Mineduc para ponerlo a la altura de las tareas comprometidas? ¿Qué perfil adquirirán las agencias públicas autónomas? ¿Cómo se coordinará la multifacética gobernanza del sector? ¿Cuál será la relación con el movimiento estudiantil, el gremio de profesores, los sostenedores privados y municipales, las iglesias, los empresarios educacionales, las instituciones no-universitarias de educación terciaria, el CRUCh y la comunidad académica y de investigadores del sector?

Harían bien las nuevas élites y sus grupos tecnoburocráticos en aprender de estas lecciones y extraer las consecuencias útiles para el buen gobierno de la educación nacional.

“Para conducir procesos tan complejos como las transformaciones del sistema educacional se requiere que el gobierno comunique ideas precisas y formule orientaciones capaces de ordenar a la opinión pública”.

 

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