Prioridades en la educación
Noviembre 23, 2011

Cartas,El Mercurio, 23 noviembre 2011
Prioridades en la educación
Señor Director:
La educación juega un papel clave para avanzar en mayores niveles de igualdad y movilidad social, así como también en la expansión de las libertades y oportunidades de las personas. Para alcanzar estos propósitos, es sumamente importante el nivel educativo donde se invierten los recursos adicionales que se destinarán a la educación.
Las diferencias de habilidades cognitivas y socioemocionales comienzan a manifestarse desde muy temprano, porque las brechas en el capital cultural de los hogares son muy marcadas y ellas influyen en la adquisición de dichas habilidades. Es por eso que se debe privilegiar la educación preescolar durante los próximos años. No obstante los avances de años recientes, aún estamos lejos de tener una cobertura amplia y una calidad de alto nivel para todos, absolutamente indispensables para compensar las diferencias de origen.
Si hubiese que elegir una segunda prioridad, ella sería la educación escolar, que permite consolidar los esfuerzos realizados en educación preescolar. En este nivel educativo, a pesar de los incrementos de recursos observados desde 2008, en particular a través de la subvención escolar preferencial, nos parece que el compromiso financiero es aún insuficiente. Se requiere de un mayor financiamiento, entre otros motivos, para asegurar el desarrollo de una carrera profesional docente que atraiga a los mejores talentos a la educación y que les otorgue una proyección laboral que en la actualidad está ausente.
En el ámbito de la educación escolar no se puede desconocer el abandono en que se encuentra la educación técnico-profesional, que atiende mayoritariamente sectores vulnerables de la población, y que requiere profundas transformaciones. Abordar este desafío también supone importantes recursos, pero ofrecerá oportunidades renovadas a nuestros niños y jóvenes de menores recursos.
Por estas razones, quisiéramos aportar al debate de políticas públicas en educación, señalando que nos preocupa que nuestros líderes políticos estén pensando en extender de modo masivo, más allá de la gradualidad que pueda acordarse, una política amplia de gratuidad en la educación superior. Se trata de montos cuantiosos que en un mundo de recursos escasos significará necesariamente postergar la reducción de los déficits en educación preescolar y escolar antes mencionados. Quisiéramos que se allegaran la mayor cantidad de recursos a la educación, pero sabemos que los países tienen que equilibrar los gastos públicos en diversas áreas prioritarias.
Creemos que en las circunstancias actuales es razonable acotar la gratuidad a las proporciones que sean razonables para no desalentar el acceso a la educación superior de los más vulnerables. Los mecanismos preferentes de financiamiento estudiantil deben ser otros. Por ejemplo, un crédito contingente al ingreso que podría extenderse al noveno decil. Si se eligiera este instrumento, las tasas de interés y el número máximo de años de pago deberían ser razonables, de modo que su pago no sea oneroso para los graduados que durante su vida laboral no alcancen ingresos suficientes. En estos casos la deuda se extinguiría antes de ser satisfecha en plenitud. En un esquema de estas características se incorporaría de modo automático una beca para los egresados que obtengan bajos ingresos. Por supuesto, el legislador puede estudiar mecanismos alternativos a éste semejantes en espíritu.
Pedimos que los recursos que libera esta propuesta, respecto de la alternativa de extender ampliamente la gratuidad en la educación superior, se dediquen enteramente a la educación preescolar y escolar para asegurar en estos niveles una mayor calidad y equidad. Si se ajustan las prioridades en la dirección que planteamos, se hará una mayor contribución a la igualdad de oportunidades y a la movilidad social.
Mariana Aylwin
Patricia Matte
José Joaquín Brunner
Francisco Gallego
Sergio Urzúa
Claudia Peirano
Osvaldo Larrañaga
Patricio Meller
Jorge Manzi
Sylvia Eyzaguirre
Francisco Claro
Sergio Molina
Mónica Jiménez
Pablo González
Eduardo Engel
Andrea Repetto
Ernesto Treviño
José Miguel Benavente
Dagmar Raczynski
Álvaro Fischer
Alejandra Mizala
Bernardita Vial
Cristóbal Huneeus
Paulina Araneda
Gregory Elacqua
Harald Beyer


Prioridades para la inversión pública en educación
José Pablo Arellano M., Ex ministro de Educación, El Mercurio, Miércoles 23 de Noviembre de 2011
El país ha venido haciendo un creciente esfuerzo por destinar recursos a la educación. Tanto el Estado como las familias han elevado fuertemente los recursos invertidos en educación en los últimos 20 años. El Estado invirtió el año pasado $990.000 por alumno en los colegios subvencionados. Esto es cinco veces más de lo que invirtió el año 1990 por alumno en moneda de igual valor. Las familias han hecho también un esfuerzo creciente.
Si sumamos toda la inversión que el país está haciendo en educación, se llega al 6,9% del PIB. Hace 20 años, esa proporción llegaba al 3,9 %. Esta inversión en educación es superior al promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Estamos entre los países que más invierten. En la OCDE hay sólo cuatro países que invierten más que Chile como proporción del PIB. De esa inversión, más de un tercio es financiado por las familias.
El esfuerzo principal de las familias ha estado en el financiamiento de la educación superior. La mayor parte del costo de la educación superior de los 800 mil estudiantes adicionales que están en la educación superior este año, comparado con el año 1990, lo están pagando sus familias y las deudas de los estudiantes.
Este esfuerzo se ha vuelto insostenible para las familias de ingresos bajos y medios, y las deudas son motivo de temor para muchos. Esta situación es la que ha estado detrás de los reclamos respecto de nuestra educación en los últimos meses. Se requiere un mayor esfuerzo del Estado para apoyar a las familias de menores ingresos en el financiamiento del acceso a la educación superior de los jóvenes con méritos académicos para la educación terciaria. Las becas deben complementarse con créditos que se paguen en proporción al ingreso de los futuros profesionales.
Esa es una clara prioridad. Pero, sin duda, desde el punto de vista de equidad, la primera prioridad siguen siendo la educación preescolar y el sistema escolar de los alumnos más vulnerables. Los recursos para la educación preescolar y para seguir mejorando la Subvención Preferencial, y gradualmente la subvención general, son la mayor prioridad tanto desde el punto de vista de equidad como de mejoramiento de la calidad educacional. Es mucho más efectiva la buena educación temprana que un intento remedial en la etapa postsecundaria.
Sin embargo, tenemos desafíos que exceden con mucho lo que se puede lograr con el mero aumento de los recursos financieros y que requerirán de tiempo y esfuerzo sostenido para producir efectos. Entre ellos, cabe mencionar el mejoramiento de la formación inicial de los docentes, el sistema de aseguramiento de calidad desde el nivel escolar hasta el superior (instalación de la agencia de calidad a nivel escolar y fortalecimiento de la acreditación a nivel superior), el mejoramiento de la educación técnica y reorganizar la institucionalidad de la educación que hoy administran los municipios.

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