Cuatro programas, misma miopía
19 de octubre de 2025
La impresión que dejan los programas educativos de Jara, Kast, Matthei y Kaiser es preocupante: predomina una visión pesimista, centrada en crisis, estancamiento y deriva, junto con una retórica de urgencias. Sin embargo, no especifican las prioridades ni los caminos a seguir.
Kast, por ejemplo, califica la educación como una “emergencia social” y la percibe como un sistema estancado, prometiendo poner fin a la violencia escolar y devolver a las familias la autoridad para decidir. Matthei opina que la educación pública sufre un “deterioro estructural” y que muchas familias corren el riesgo de un retroceso constante. Su plan contempla mejorar las habilidades de lectura y de matemáticas, fortalecer la educación técnico-profesional y combatir la violencia, aunque no detalla las prioridades ni los métodos.
Curiosamente, Jara acepta los diagnósticos pesimistas. Señala que la convivencia escolar se está deteriorando, que la autoridad pedagógica es débil y que los docentes enfrentan una carga administrativa que limita su capacidad de innovación. Menciona brechas en la calidad y la equidad, así como un currículo desactualizado. Sin embargo, sus propuestas no difieren del esquema actual de políticas ministeriales; constituyen, pues, un continuismo sin autocrítica.
Por último, Kaiser insiste en que la educación enfrenta una “contradicción estructural”: la libertad de enseñar estaría limitada por un sistema educativo centralizado, rígido y desconectado de las realidades culturales y territoriales del país. Su propuesta incluye un currículo flexible y una auténtica libertad de elección para que las familias recuperen su papel principal (¿homeschooling?).
Mi evaluación indica que estos programas ofrecen un diagnóstico negativo, poco matizado y simplista. Las propuestas carecen de originalidad y no aclaran cómo podrían aplicarse a nivel nacional. Además, no establecen un objetivo principal ni priorizan por niveles. Son meros listados y no estrategias concretas. Tampoco consideran el entorno futuro, que incluye IA en las aulas, la reconfiguración del trabajo, la crisis de confianza en la ciencia, la transición demográfica, los credos autoritarios, la desmotivación y la anomia.
Además, hay problemas reales acumulados que estos programas no mencionan.
La siguiente administración deberá enfrentar una estructura institucional fragmentada en la educación parvularia, compuesta por JUNJI, Integra, VTF, la Subsecretaría y SLEP, cada una con reglas y estándares distintos. Es fundamental crear una gobernanza coherente que asegure calidad, perfiles directivos adecuados, financiamiento suficiente y un plan nacional de mejora para afrontar tempranamente las desigualdades. Para esto faltan voluntad, recursos y directrices para su ejecución.
La educación básica enfrenta una alta tasa de inasistencia crónica. Es fundamental mejorar los sistemas de alerta y respuesta temprana, implementar acciones comunitarias, ofrecer tutorías individuales efectivas a las y los niños y fortalecer la colaboración con las familias. Además, las candidaturas deben definir metas claras para 2030 que aseguren que todos los alumnos puedan leer comprensivamente y dominar las operaciones básicas y la numeración al finalizar el segundo grado. Matthei y Jara mencionan metas, pero sin un plan operativo concreto, mientras que Kast habla en términos generales sin detalles específicos. Kaiser propone una mayor flexibilidad curricular y una participación familiar más activa, en lugar de que el Estado sea el principal proveedor.
El país también requiere con urgencia un currículo de secundaria actualizado para el siglo XXI, centrado en cuatro áreas: (i) pensamiento crítico y habilidades avanzadas de expresión (oral, escrita y digital); (ii) matemáticas y ciencias aplicadas (datos, probabilidades, modelado); (iii) cultura cívica y desarrollo de proyectos personales; (iv) alfabetización digital e inteligencia artificial generativa. Kaiser y Jara apuntan en esa dirección; el reto es pasar de las declaraciones a aprendizajes efectivos, certificaciones modulares y conexiones con la educación superior.
Además, es esencial valorar el esfuerzo y el mérito mediante apoyos diferenciados: establecer metas altas, fomentar una cultura de expectativas elevadas y reconocer el progreso. Kast, Matthei y Kaiser destacan el orden y la autoridad, mientras que Jara se enfoca en el bienestar y el cuidado. Es crucial definir el enfoque pedagógico para que la convivencia no sea solo control, sino también una oportunidad para revitalizar un ethos del esfuerzo como mérito.
La transformación digital no consiste únicamente en añadir más dispositivos, sino también en reformar el currículo, la práctica docente y la evaluación. Para lograrlo, es necesario integrar las tecnologías de manera temprana y desarrollar competencias digitales desde el pre-Kínder hasta el 4º medio (Yang, 2022; Cortoni, 2025). Además, se deben crear plataformas públicas con datos, recursos y ejercicios impulsados por la IA que mejoren la enseñanza. Y, finalmente, establecer una evaluación nacional que incluya la generación de textos e imágenes, así como la resolución de problemas con IA en la educación media superior.
La educación superior enfrenta diversos desafíos, entre ellos una crisis en el financiamiento de las ayudas estudiantiles (FES + CAE + gratuidad), las promesas de condonaciones y las fuertes presiones fiscales. Para abordar estos problemas, es crucial establecer un acuerdo con reglas claras: un cierre ordenado del CAE, un sistema de financiamiento estudiantil unificado basado en créditos ligados a los ingresos, y un fondo competitivo para proyectos de misión pública, tanto estatales como privados, mediante contratos-programa multianuales.
Asimismo, es fundamental garantizar un trato justo a las universidades regionales y establecer una estrategia para las ciencias sociales y humanidades, ya que sin un pensamiento social crítico, no se pueden crear políticas públicas de calidad ni una ciudadanía informada. Algunos candidatos repiten la idea de un “nuevo trato” enfocado en la autonomía y los resultados, pero también deben reducir la sobrerregulación, proponer metas públicas para el sistema, fortalecer el régimen mixto, eliminar estándares restrictivos, promover una gestión administrativa más flexible y respetar plenamente el pluralismo en la vida académica.
En resumen, a pocas semanas de las elecciones, los cuatro principales candidatos presentan más diagnósticos negativos que propuestas constructivas. Carecen de prioridades claras, metas verificables y una visión de futuro que incluya currículo, enseñanza, convivencia y digitalización, centrada en trabajo, ciudadanía y cohesión social. Para el balotaje, el país necesitará menos retórica y más propuestas concretas, con una visión futura más definida.
0 Comments