PISA: Consejos de A. Schleicher
Febrero 9, 2024

Logo el PaísConsejos del padre de PISA: los mejores profesores para los desfavorecidos, matemáticas menos superficiales o motivar el autoaprendizaje

Andreas Schleicher cree que es un sinsentido que en muchos países haya que pagar la escuela infantil mientras la universidad es gratuita

Al alemán Andreas Schleicher (Hamburgo, 59 años) se lo conoce como el padre de PISA, porque puso en marcha las pruebas de diagnóstico de la educación y es el director de esa área en la OCDE. Conoce a la perfección los datos, y los políticos están siempre ávidos de conocer sus recetas para mejorar la escuela, y más tras la debacle de la última edición de PISA. Estos son los consejos que dio a distancia a un grupo de ministros latinoamericanos convocados en Madrid por la Fundación Varkerey.

Los mejores profesores, en las escuelas desfavorecidas. “Los sistemas exitosos son muy, muy buenos para alinear los recursos con las necesidades. Atraen a los maestros más talentosos a las aulas en las que hay más desafíos”, recuerda. “En un Estado de Brasil han hecho algo realmente interesante, han emparejado las escuelas de alto rendimiento con otras de bajo y las ayudan poniendo recursos”.

El ratio de alumnos por clase no le parece muy relevante. “A menudo intentamos reducir el tamaño de las clases porque eso hace felices a los padres y los maestros, pero no es una forma muy efectiva de mejorar”, defiende. “Pero si inviertes en un mejor desarrollo profesional de los profesores, en construir comunidades profesionales, tiene un impacto muy, muy importante”, asegura.

Apostar por la escolarización temprana. Los primeros años del crecimiento de un niño son vitales para su desarrollo cognitivo, pero también para su desarrollo social y emocional. “Para un niño de tres años, la empatía es una habilidad; para uno de 30, un rasgo de personalidad”, argumenta. Por eso cree que hay que poner más recursos económicos en esa etapa. “Ponemos a personas menos cualificadas en esos niveles [de escuela infantil] y sobreinvertimos en la educación de edades posteriores”, alerta. “En muchos países de Latinoamérica pagas tarifas de matrícula cuando el niño accede a la educación infantil, mientras que la universidad es gratuita. Esa no es una buena estrategia de inversión”.

Aprender otras matemáticas. El físico y matemático recuerda que el tipo de conocimientos que se necesitan difiere de hace dos décadas, cuando se lanzó PISA. “La tecnología ha digitalizado rutinas matemáticas, pero otras cosas se han vuelto mucho más difíciles. Si quieres entender el cambio climático o una pandemia, necesitas pensar en términos de probabilidades, conocer las funciones exponenciales. Y esos conceptos a menudo no están muy presentes en la escuela”. No lo achaca a la covid: “Hay limitaciones estructurales de nuestros sistemas educativos actuales. Pero no es inevitable. Singapur ha pasado de ser bueno a ser excelente durante la pandemia”.

A su juicio, la enseñanza de las matemáticas se ha vuelto “más superficial, los alumnos simplemente memorizan y aprenden fórmulas y ecuaciones. Pero los maestros no dedican suficiente tiempo a hacer que piensen como matemáticos. No es tan importante poder calcular una función exponencial, sino que necesitas entender el concepto”.

Empoderar a los escolares. A los estudiantes que tienen una mentalidad mayor de crecimiento ―que creen que las habilidades y la inteligencia de uno se pueden desarrollar con el tiempo― les va mejor académicamente. “En Estonia, los estudiantes ven el cielo como el límite para sus logros. Confían en que cuando trabajan duro, sus maestros los ayudarán, y tendrán éxito. En Albania, sin embargo, a menudo creen que su éxito depende de la inteligencia con la que nacieron”. Influye también positivamente en los resultados, subraya, ser un escolar curioso, persistente y controlar bien las emociones.

Más implicación de los padres. Le inquieta que la participación de los padres en la escuela ha disminuido desde 2018 (anterior PISA). “Los padres son menos proactivos ahora (…). Los estudiantes se convirtieron en consumidores, los maestros en proveedores de servicios, las escuelas en alguna especie de institución social y los padres en clientes. Hemos perdido el que trabajen juntos en el desarrollo de los estudiantes”. Una implicación en la educación que no supone “pasar todo el tiempo con las tareas escolares, sino que el padre envíe a su hijo la señal de que se toma la escuela en serio y valora la autoridad del maestro”.

Para Schleicher, uno de los errores cometidos en educación es creer que la escuela puede compensar a las familias. “Si tus hijos juegan hasta la medianoche con el móvil, entonces el maestro puede hacer lo que quiera al día siguiente, pero la enseñanza de matemáticas no tendrá mucho éxito”. Piensa que hay mucho que aprender de Vietnam, “donde los maestros enseñan a los padres por qué es importante que sus hijos aprendan matemáticas, aunque ellos no las entiendan”,

Menos horas de pantallas en el tiempo libre. El alemán demostró con una gráfica que en los países en los que los chicos de 15 años utilizan más la tecnología con fines recreativos, aprenden menos. “La integración de la tecnología en los procesos instructivos puede funcionar bien, pero cuando simplemente permites que usen sus propios dispositivos, es probable que veas resultados mucho peores”. En Turquía o Malasia, el 70% de los escolares se sienten ansiosos cuando no tienen sus dispositivos cerca y ese estrés redunda en un rendimiento mucho menor en matemáticas. “Y eso no es todo. Están menos satisfechos con sus vidas”, explicó el directivo de la OCDE.

Los móviles fuera de la escuela. Con los datos, Schleicher demostró que no sirve de mucho que el centro ponga límites al uso de los dispositivos o que lo haga el maestro en su aula. “Los estudiantes no prestan mucha atención a lo que les dicen sobre los teléfonos inteligentes. Lo único que está claramente vinculado a que se distraigan menos es la prohibición de teléfonos en la escuela”.

Lograr que los alumnos sean autónomos. El alemán considera que se ha convertido a los estudiantes en “consumidores pasivos” en las aulas porque no les han “motivado lo suficiente para que aprendan por sí mismos”.

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Elisa Silió

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