SEÑOR DIRECTOR
Las izquierdas están en un desarreglo mundial. Sus parámetros culturales -míos también porque allí reconozco mi identidad, por desgarrada que se encuentre- implosionaron junto con la brusca desaparición de la URSS, la caída del muro de Berlín y el fin de las utopías revolucionarias. Los ideales emancipadores del siglo 20 terminaron entre los escombros ideológicos que dejaron el comunismo del Gulag, las guerrillas de tipo castrista en América Latina, la revolución cultural de Mao, el deshielo de Europa Central y del Este, la descolonización del África y el genocidio camboyano del Khmer Rouge.
El derrumbe de esos ideales dio paso a las sorprendentes mutaciones del siglo 21. Globalización del capitalismo, los mercados y el consumo de masas, junto con la cuarta revolución industrial y la tecnificación de la vida. Un mundo políticamente multipolar pero montado sobre un solo sistema capitalista de base: de China a Bolivia, de Vietnam-símbolo anticapitalista del siglo pasado-a Venezuela, de Malasia al continente africano, última ola de esa expansión capitalista. A su sombra, el calentamiento global y la agudización de las desigualdades.
Incluso la socialdemocracia, la principal fuerza transformadora del siglo 20, ha cedido terreno en Europa; entre 38 países, hoy solo 10 tienen gobiernos progresistas: dos de izquierda (España y Moldova) y ocho de centroizquierda (Albania, Dinamarca, Finlandia, Macedonia del Norte, Malta, Portugal, República Checa y Suecia).
Las izquierdas chilenas son parte de este desbarajuste. Sin ideas ni propuestas coherentes, se dividen y subdividen. Hay tres ramas al menos. La centroizquierda reformista -ex Concertación, ex Nueva Mayoría- que, luego de gobernar la transformación postdictatorial de la sociedad chilena, abdicó a su identidad y se trizó ideológicamente, convertida ahora en sombra de sí misma. Una izquierda rupturista que, sin propuesta, se define por dos negaciones: es anti-neoliberal (¿?) y contraria a los 30 años de progreso democrático del país. Al extremo de estas izquierdas, una sensibilidad destituyente que anhela el colapso del sistema y sueña con una pulverización del poder.
Por el momento, una unidad de estas izquierdas resulta inimaginable. Al contrario, competirán intensamente por la hegemonía del sector.
José Joaquín Brunner
Académico UDP, exministro
0 Comments