En los documentos post-derrota del Partido Comunista de Chile (PCCh) aflora nuevamente una visión de la democracia como medio más que como fin. Para sus dirigentes y analistas, la reciente victoria de Kast es, de hecho, el arribo del “fascismo”. José Joaquín Brunner, 4 de enero de 2026
La democracia, dicen, estaría vacía de contenido y al servicio del mercado. Enfrentar al nuevo gobierno supondría la reconstrucción de una “conciencia de clase”. Daniel Jadue, líder de la corriente interna dura del Partido, pone la “democracia” entre comillas, denunciando un sistema hecho a la medida de intereses mezquinos y sostenido por hábitos que legitiman esos abusos. En su autocrítica, el PCCh reconoce haberse vuelto prisionero de una sobre-institucionalización que lo habría alejado del pueblo. La lealtad a la institucionalidad liberal resulta, en este marco, ambivalente y condicionada: válida sólo si sirve al “horizonte estratégico” propio.
De esta manera, el PCCh busca revivir la movilización en las calles para el 2026. Sus textos elogian la revuelta contra el orden del 18-O de 2019; mismo orden que administró durante los últimos cuatro años. Ahora, una vez fuera del gobierno, el Partido se prepara para resistir las “políticas de derecha”, en vez de hacerlo para una oposición responsable junto a las demás fuerzas de izquierda. La institucionalidad es solo un terreno más de combate; la verdadera legitimidad (octubrista) emana de la protesta.
El PCCh mantiene su utopía revolucionaria latente, bajo principios decididamente anacrónicos como el centralismo, la vigilancia revolucionaria, el marxismo y el leninismo. Tampoco renuncia “a la perspectiva socialista” y mantiene una férrea oposición doctrinaria al capitalismo en clave anti-neoliberal.
2026 será decisivo para este Partido. Tendrá que definir su propio estatuto ideológico al interior de la democracia. Deberá fijar si su línea estratégica corre por dentro del marco institucional o por fuera, en las calles. Si acaso se renueva a fondo junto con el resto de las izquierdas o se convierte en una minoría anti sistémica. En fin, si en su interior dominará la fracción dura o surgirá una generación del (re)cambio.
José Joaquín Brunner, académico UDP y UTAs
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