Intimidad, orden y cansancio: notas sobre el humor social chileno en el ocaso de un ciclo
El Chile de 2025 premia la prosa realista y castiga la lírica del puro deseo. Quiere menos “refundación” y más metas de desempeño cumplidas. Se anhela un padre ordenador o una madre que cuida y alivia -como usa decirse ahora- los dolores de la sociedad.
A la altura de agosto de 2025, Chile transita un ánimo recogido, más doméstico que épico. La épica de la calle se replegó a la sala de estar: el país valora la intimidad, protege los espacios privados y mira con recelo la esfera pública, percibida como ruidosa, intrincada y poco eficaz. No es simple “apoliticismo”; es una politización cansada: la gente sigue atenta a seguridad, empleo, precios, salud, educación y pensiones, pero con expectativas sobrias y un crédito moderado hacia las élites de todo signo.
El 16 de noviembre habrá primera vuelta presidencial junto con elecciones parlamentarias. Termina un gobierno y comienza un reacomodo de fuerzas que definirá no sólo al Ejecutivo, sino la aritmética en Cámara y Senado para gobernar 2026-2030. No es menor: la ingeniería institucional del próximo período condicionará cualquier proyecto -de orden y/o de cambio- que emerja de las urnas. ¿La cuestión en juego? Si acaso hay un esquema de gobernabilidad en ciernes.
La competencia principal se narra hoy en clave doméstica; una gramática que calza con el actual repliegue hacia la vida privada, bien expresado en la última encuesta CEP. La metáfora del padre y la madre de familia que usaremos a continuación está en línea con esa sociedad intimista que se piensa a sí misma -como se dice ahora- a partir de sus dolores, emociones y el deseo del buen vivir.
Kast paterfamilias: el poder ordenador
José Antonio Kast se presenta como el padre conservador-autoridad: promete disciplina, previsibilidad y una defensa tajante del orden. Aspira a que el votante “le pase las llaves de la casa” para restablecer reglas, reforzar la frontera de lo tolerable y poner candados donde la vida diaria se desordenó (delincuencia, informalidad, corrupción). Su ideologíapuede caracterizarse como versión chilena de un iliberalismo gremialista, de democracia protegida, economía desregulada y cultura conservadora. A esto se agrega, en su programa renovado, un filón trumpiano: un gobierno de emergencia. Dice allí:
“Tenemos una emergencia en seguridad, que encierra a las familias en sus casas, mientras los criminales se pasean libres en las calles y los extranjeros violan impunemente nuestras fronteras todos los días. Una emergencia económica, que se refleja en un país que no crece y que ha perdido su pro-ductividad, donde aumenta consistentemente el costo de vida; y donde el desempleo es la cruda realidad que viven cientos de miles de personas. Una emergencia social, donde uno de cada cinco chilenos vive en pobreza, millones esperan por una atención de salud o una vivienda que nunca llega y donde la educación en vez de ser un vehículo de ascenso social se ha convertido en una condena perpetua a la falta de oportunidades. Un país donde cada vez nacen menos chilenos, en un derrotero que nos lleva a la extinción como sociedad”.
Emergencia pues frente a la extinción, el desorden, el estancamiento, el país encadenado a la falta de oportunidades. ¿Y la cultura, se preguntará usted, queda fuera de este régimen de emergencias? Tácticamente es así. No se la menciona luego de los aprendizajes inducidos por el rechazo del anterior programa presidencial del candidato JAK (2022-2026) y de la propuesta constitucional de republicanos rechazada en el plebiscito de diciembre de 2023. Mas no me cabe duda de que, precisamente en esta área, el candidato guarda absoluta fidelidad a sus ideas y principios de “batalla cultural”. Entre sus enunciados programáticos de la elección de entonces (2021) -que sería difícil imaginar ha abandonado- se incluyen (cito textualmente):
769.Parte significativa del financiamiento cultural se destinará al rescate de nuestras tradiciones.
770. Urge una reivindicación de la verdad históricaen museos, instituciones, bibliografía especializada y textos de enseñanza culturales e historiográficos.
771. Reivindicar el idioma castellano, eliminando el lenguaje de género y de incitación a la lucha de clases, étnica o cualquier doctrina tendiente a la división nacional.
772. Velar porque todo el material cultural y científico dirigido niños y jóvenes esté sustentado en evidencia empírica comprobable, diferenciándolo claramente de argumentos ideológicos sin sustento científico o racional.
773. Recuperar los feriados nacionales, sean estos productos de efemérides republicanas, religiosas o internacionales, en sus días conmemorativos respectivos, para efectos de profundizar el conocimiento de nuestra historia y herencia cultural.
Jara materfamilias: el poder integrador
Por su parte, Jeannette Jara se ofrece como madre meritocrática y protectora: una cuidadora exigente que “cumple y hace cumplir”, menos épica que doméstica -salud que atiende, pensiones que pagan mejor, empleo que se consigue-, envuelta en un guión socialdemócrata “de tercera vía” que busca domar el imaginario del PC con credenciales de gestión y pragmatismo. Esa tensión, entre una identidad biográficamente ascendente hasta convertirse en una líder de centro izquierda y su pertenencia a un PCCh anacrónicamente atado a su pasado de guerra fría, se expresa nítidamente en su apenas horneada propuesta programática. La carta personal de la candidata -que introduce dicho programa- arranca con un diagnóstico preocupante del país, próximo a una mirada opositora:
“Para muchos compatriotas, llegar a fin de mes es una tarea que se vuelve cuesta arriba. Vivir de forma tranquila se ha convertido en una preocupación mayor para muchas familias, a propósito de la creciente inseguridad que complejiza la vida y genera una creciente frustración. Merecemos la posibilidad de poder llegar a nuestra casa sin temor, sanos y salvos. Recibir una atención oportuna cuando nos enfermamos. Tener una casa para poder cobijar a nuestra familia y sueños”. […] “las instituciones, el Estado y la política en general, son percibidos como espacios que se han ido encerrando en sus derroteros y búsqueda de soluciones, pero en ello se han ido distanciando de la vida concreta de las chilenas y chilenos. Este proceso ha producido una gran brecha y fractura entre la política y la gente. La distancia y en muchos casos el rechazo hacia los partidos, los políticos y el Congreso, reflejan esta compleja realidad. Este fenómeno genera condiciones para soluciones que provengan de proyectos más individuales y autoritarios que comunitarios y democráticos”.
En seguida, reivindica su experiencia como luchadora social y ofrece una perspectiva ampliamente centrista, de claras resonancias concertacionistas. Léase:
“En mi trayectoria como dirigente estudiantil y sindical aprendí la importancia que tiene poder avanzar en las legítimas demandas sociales y ciudadanas. Pero también la necesidad de buscar amplitud social y política que nos permita avanzar en nuestros objetivos. Esta voluntad de diálogo y búsqueda de acuerdos es lo que orientó el ejercicio de mi rol como ministra y lograr avances importantes en materias laborales, prueba de ello es la reforma de pensiones. Y es esta experiencia social y política, la que me hace tener la convicción, de que es posible contribuir desde la presidencia a un Chile que crezca económicamente, con empleos decentes, con barrios más seguros, con mayores oportunidades para el acceso y derecho a la vivienda, con salud digna y oportuna, con mejor educación”.
Tales son, en breve, los ejes programáticos de la candidata Jara. Su estilo de exposición en el texto es modernizante, conciliador, dialogante, pragmático, técnico, realista, centrista; o sea, socialdemocrático, de economía política mixta público-privada, sin estatalismo, sin cambio de modelo ni nuevos paradigmas. Desde este punto de vista, es tercera vía para un momento reaccionario del mundo.
Sin embargo, se trata de un programa “en desarrollo”, abierto. Y que, por ende, seguirá sujeto al tironeo de los partidos, como anunció el presidente del PCCh al inicio de la presente semana. En entrevista al diario El Siglo anticipó que se debe:
“Hacer una sesión de las direcciones de los partidos para, conociendo el programa, ver cuál es la mirada que tenemos, en qué cosas lo enriqueceríamos por la vía de aportes nuevos, en cuáles cosas habría que poner otro acento. Entonces, esa condición, de que es un tema no acabado, que es un texto, una referencia como lineamientos, hizo que todos los partidos tuviéramos respeto en cuanto a que viviéremos ese proceso. No podría adelantar qué temas se van a instalar, qué temas se cambien, porque esa reunión no se ha hecho y veremos en cuanto coincidimos y que representen una posición unitaria”. Y luego tema remacha con la vieja tesis, esa vez, de un pie en el programa y otro en la calle: “Le doy a todo esto la calidad de un proceso. La política, la posibilidad de correr cercos, de ganar posiciones, de conquistar espacios, son procesos de acumulación, no son golpes de suerte, no son cosas que se resuelven en 24 horas, y en cuanto uno socialice las ideas más importantes para abrir ese proceso, más va avanzando”.
No podría sorprender a ningún observador de este “proceso” el que se piense que el presidente del PCCh, tal como viene haciendo desde el inicio de la campaña, busca objetivamente debilitar a la candidata oficialista. Ya veremos que no le faltan razones para ello. Como sea, introduce incertidumbre y apunta al corazón de las tensiones e indefinición que caracterizan a la coalición de centroizquierda, dejando a la candidata Jara en incómoda postura. En efecto, lo que ella proclama está sujeto a revisión por parte de sus mandantes y debe entenderse como un primer borrador.
En suma: ambos candidatos trabajan sus flancos
Kast trata de combinar dureza con respetabilidad institucional; Jara, de traducir un partido históricamente anticapitalista a un reformismo con foco en resultados. El oficialismo inscribió a su carta tras una primaria; el Partido Republicano proclamó a la suya con antelación.
La metáfora parental aplicada a ambos no es caricatura gratuita: captura miedos y deseos del electorado. Del lado de Kast, temor a la inseguridad y deseo de control efectivo; del lado de Jara, temor a perder derechos sociales y deseo de certezas cotidianas. En ambos relatos hay un hilo común: poca tolerancia a la grandilocuencia y mucha avidez por procedimientos que funcionen sin aspavientos.
¿Qué dicen las encuestas sobre ese clivaje?
Con los matices metodológicos del caso, los sondeos recientes ubican a Kast liderando en primera vuelta y venciendo a Jara en el balotaje, mientras ella consolida un segundo lugar. La elección se lee crecientemente en clave orden versus gestión social; emergencia frente a normalidad; cambio de mando o continuidad. El favoritismo de Kast no es un veredicto final -las campañas se mueven-, pero sí una señal del humor predominante.
En favor de Kast juega el hecho de que la seguridad dejó de ser el “tema” prioritario y pasó a ser el “marco” de la política. A su vez, la inseguridad ya no es meramente un sentimiento compartido; es el lente interpretativo con que se lee el sordo malestar de la sociedad civil. La irrupción del crimen organizado, la violencia letal en alza respecto de los estándares históricos y la extensión de economías ilícitas terminaron por instalar prioridades nuevas. La ciudadanía exige menos retórica y más método: inteligencia financiera, control carcelario, gestión de fronteras, persecución de organizaciones, evaluación permanente. La promesa de derechas -mientras más dura la mano, mejor- se alinea con esta perspectiva que los medios de comunicación y redes sociales refuerzan continuamente. Las izquierdas llegan tarde al escenario y su promesa en esta área tiene algo de excusa y algo de reciente adquisición.
En cuanto a la economía y el empleo, igualmente las derechas hablan con mayor autoridad; la que otorga ser propietarias del capital, del know how, de las empresas, del potencial de inversión y del conocimiento gerencial. Tras el sobresalto inflacionario 2022–2023, el cuadro de 2025 luce menos dramático, en buena medida gracias al ex-ministro Marcel, pero aún inquieto: inflación moderándose, crecimiento tibio, desempleo de dígito alto y productividad magra. Ante este cuadro, gana quien haga creíble una rutina pro-inversión y pro-productividad con plazos, responsables y metas; no quien confíe en la “magia” de la demanda o en el mero control de precios. El votante tomó notas y ahora pide planillas, no powerpoints.
La candidata Matthei es probablemente la que se halla mejor situada en este cuadro economisista, al encarnar naturalmente, ella y sus equipos, las virtudes fácticas del capital. Pero, como sabemos, su vuelo electoral no despegó. Kast, a su vez, muestra una afinidad electiva (una química favorable) con el mundo de la inversión y el crecimiento, al cual aporta -se supone- el orden y la seguridad que multiplica los capitales y anima certezas institucionales que permiten reanimar los “espíritus animales”. Según explican Akerlof y Schiller, estos representan “nuestra peculiar relación con la ambigüedad o la falta de certeza. A veces los espíritus animales nos paralizan, mientras que en otras ocasiones nos revitalizan y nos llenan de energía, haciendo que superemos nuestros miedos e inseguridades”. Por último, Jara, con encomiable esfuerzo, ha logrado salir de la trampa en que la había metido su programa de primaria, donde nuestra pequeña economía de mercado crecería supuestamente “desde dentro”, del lado de la demanda y coordinada por el Estado, visión de la que la candidata debió desembarazarse rápidamente, para sustituirla por unos lineamientos socialdemocráticos que aspiran a un crecimiento “hacia afuera”, verde-innovador, aunque todavía incipientemente elaborados.
El funcionamiento de los servicios públicos esenciales y su capacidad de responder a las necesidades de la población sigue siendo la otra vara con que la mayoría de la población evalúa su nivel de satisfacción cotidiana. En efecto, en salud, educación y pensiones, el humor social no se mueve por ideologías sino por experiencias repetidas: ¿me atienden? ¿Cuándo? ¿Cuánto recibo? Un Estado “musculoso y coordinado” -más que grande o chico- es la aspiración subyacente. Jara empuja aquí su ventaja discursiva (“cumplir”); Kast promete ordenar la casa para que todo lo demás funcione. Pero, al final del día, esos grandes sistemas sociales -los tres de provisión mixta, financiamiento insuficiente y precario funcionamiento- dependen más de reformas incrementales y consensuadas que de las declaraciones programáticas de los candidatos. Quien logre transmitir capacidad de ejecución de reformas bien calibradas en un orden estable tendrá en este plano una ventaja relativa.
Vistos estos elementos de competencia electoral a nivel nacional, vamos ahora al contexto democrático global en que el torneo tiene lugar.
Chile en el mundo: democracia en retroceso
La elección chilena se despliega en un mundo cada vez menos democrático. Tres termómetros independientes convergen:
• Freedom House reporta en 2025 otro año de declive global de derechos y libertades.
• V-Dem habla de 25 años de autocratización con más países moviéndose hacia la “zona ambigua” de democracias iliberales.
• Democracy Index (EIU) anota su promedio mundial más bajo desde que se mide.
En breve, hay una ola que está haciendo retroceder a la democracia y la amenaza en sus bases liberales.
En América Latina, esta ola iliberal convive con liderazgos de mano dura (cada uno con su estilo y legalidad), mientras las izquierdas sufren derrotas y fragmentaciones. El caso reciente de Bolivia -con la derecha avanzando tras dos décadas de hegemonía del MAS- se leyó como síntoma regional; en paralelo, análisis de prensa constatan que las izquierdas atraviesan una crisis de proyecto y de conexión con las ansiedades actuales (seguridad, costo de vida, servicios que no funcionan).
A esto se suma un viento internacional de derecha más asertiva, con la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca alterando agendas de seguridad, comercio y discurso democrático en el hemisferio. Quizá todo esto no sea determinante para Chile, pero sí crea un clima de época que reordena repertorios, vocabularios y alianzas.
Por un lado, emerge una derecha autoritaria, conservadora e iliberal, “de democracia protegida”, que ofrece gobernar a la sociedad desde la emergencia, con eje en la seguridad nacional amenazada (una vez más; desde el interior y las izquierdas).
La inseguridad como eje empuja a una opción que prioriza orden securitario y cohesión moral con riesgo de un iliberalismo por goteo o permanente si la urgencia lo justifica: ampliación de facultades policiales sin control, restricciones “temporales” a libertades, tolerancia a prácticas informales en nombre de la eficacia.
Una presidencia Kast no implica eso por necesidad, pero conviviría con presiones reales en esa dirección -sociales y parlamentarias-. El contrapeso no es un discurso apocalíptico (los bárbaros están a las puertas de la ciudad), sino una oposición institucional, escrutinio continuo (contraloría, tribunales, Congreso, prensa) y una coalición opositora capaz de distinguir orden de autoritarismo y de impulsar el debate en el Congreso y la sociedad civil.
Una derrota de las izquierdas desordenará aún más sus tendencias centrífugas y confusión ideológica que se arrastra desde 2019. El eco del 18-O continúa, pero apagado. La marca Jara propone cambio social con foco en ejecución, moderando el programa del PCCh y socialdemocratizando el perfil de su campaña.
Es de suyo evidente que esta deriva no gusta a la vieja guardia de su partido ni tampoco a grupos y corrientes internas del FA. Pero mientras este último aún no se repone de la derrota de la primaria y se prepara para cruzar el desierto, el PC de Carmona aspira a capitalizar la derrota de Jara acumulando fuerza ideológica en el cuadro de unas izquierdas que saldrán pulverizadas de la contienda en diciembre. No acepta este sector del PC que a la derrota electoral se sume, por capricho (dicen) de su candidata, adicionalmente un desperfilamiento ideológico.
El riesgo percibido por el viejo PC es esa doble derrota: electoral y cultural, programática e ideológica. Si la actual coalición no prioriza el cambio (“de verdad”) en línea con el programa inicial de Boric y en la estela de la propuesta-de-país de la Convención Constitucional (ecos del octubrismo), la frustración post derrota de diciembre próximo dejaría al PCCh desnudo ante el público. La propia prensa internacional describe el “lugar imposible” de Jara: querer conciliar la antigua (anacrónica) identidad comunista con un guión centrista, sin perder credibilidad.
Ánimo social
¿Hacia dónde se inclina hoy el ánimo de la opinión pública encuestada?
Si atendemos a las encuestas del mes, ya lo dijimos, la mayoría voluble se inclina -hoy- hacia una opción conservadora con Kast, más que hacia una versión 2.0 del progresismo encarnado por Jara. La distancia no es infranqueable, pero la línea de base (seguridad y orden primero) le da a Kast viento de cola. Que ese impulso derive en una derecha ultra y neoconservadora o en una democracia iliberal estrechada dependerá menos del tono de la campaña que de lo que ocurra después: composición parlamentaria, equipos, prioridades y controles, presencia y fuerza de la oposición, y evolución de la ola global restauradora.
En tanto, la tentación “pueblo contra élites”, que despuntó por un momento en la campaña de Kaiser, cayó (y calló) junto con la pérdida de su favoritismo en los sondeos de opinión. Al otro lado, el de Jara y su variopinta coalición, el populismo rupturista (del tipo anhelado por el octubrismo) quedó sepultado antes de nacer. Priman la moderación política y el pragmatismo ideológico. Sólo Parisi representa un proyecto de centro-populista, anti-élites y de soluciones fáciles.
Pero el Chile de 2025 premia la prosa realista y castiga la lírica del puro deseo. Quiere menos “refundación” y más metas de desempeño cumplidas: bajar homicidios, reducir tiempos de espera, crear empleo formal, limpiar compras públicas, frenar la migración, y hacerlo sin trucos ni fanfarrea ni espectáculo político-medial.
Finalmente, también la metáfora parental se ha vuelto adulta: no más hijos inocentes que excusen su incompetencia culpando a los padres. Al contrario, se anhela un padre ordenador o una madre que cuida y alivia -como usa decirse ahora- los dolores de la sociedad. Según proclama un mensaje en Facebook: “Necesitamos una clase política a la que le duela el dolor de la gente”. O bien, piensan otros, que extirpe sus causas.
Excelente columna de Brunner, escrita con su habitual claridad y rigor. Advierte sobre la mala salud de la democracia liberal a nivel mundial, con datos duros y tendencias preocupantes que invitan a una reflexión seria en el socialismo democrático chileno, justo cuando más se necesita.
Gracias, Fredy! Compartimos la preocupación.
Cordial saludo,
JJ