Simon Marginson en Chile
Mayo 22, 2017

Captura de pantalla 2016-09-25 a las 12.18.47 p.m.Simon Marginson, especialista en Educación Superior: “Es difícil crear un sistema universitario de primera clase si no hay un buen sistema escolar”

De visita en el país, el académico planteó que esta primera etapa es crucial si se busca formar alumnos que logren responder a las exigencias posteriores. En este sentido, la educación prebásica es clave.

Margherita Cordano F.
Si hay algo que Simon Marginson sabe sobre gratuidad en Educación Superior, es que no hay una respuesta única respecto de su efectividad. Como director del Centre for Global Higher Education de la University College de Londres, el académico dedica su tiempo a investigar sobre universidades alrededor del mundo: desde las que entregan educación gratis a costa de altos impuestos en el norte de Europa -Alemania y Finlandia son ejemplos-, hasta aquellas de habla inglesa que cobran altas cifras, pero compensan mostrando un sostenido buen rendimiento en pruebas internacionales. El MIT (universidad privada en Estados Unidos) y la Universidad de Oxford (institución pública dentro del Reino Unido) están entre los casos más destacados.
“En este sentido, algunos países asiáticos, como Corea, Japón, China y Singapur, son casos interesantes, porque se muestran muy comprometidos con la educación que se paga. Allá se prefiere invertir en educación antes que en una casa”, ejemplifica Marginson, quien esta semana visitó Chile invitado por el Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile. Aquí prefirió no adelantar los resultados que puede tener la gratuidad en el país, pero sí dijo que analizando las medidas que se han tomado a nivel global en los últimos años, “la tendencia ha sido incrementar la proporción del costo total que pagan las familias. En ese sentido, Chile se muestra como un caso inusual”.
Duración de carreras
Durante su paso por el país, Marginson también habló sobre lo que entiende por calidad en educación, otra de las promesas detrás de las reformas propuestas en los últimos años.
“Es imposible dar una definición simple, pero a grandes rasgos, diría que lo que define a la calidad es ver qué tanto es lo que las personas efectivamente aprenden, qué tanto impacta entrar a estudiar en la vida de alguien. Eso va más allá de que se entregue una serie de habilidades técnicas a las personas, pues también involucra la capacidad de potenciar su confianza o hacerlos más capaces de comunicar sus ideas, por ejemplo. La calidad es difícil de definir; aunque en la práctica se le ha ido simplificando; en realidad, está compuesta de muchos elementos complejos”.
Para Marginson, la calidad universitaria también tiene relación con el hecho de que exista poca diferencia entre la duración formal de una carrera, versus su duración real. Según datos de la página Mi Futuro, del Ministerio de Educación, en Chile obtener un título de carreras como Geología, Ingeniería Forestal y Derecho toma hasta seis meses más de lo que originalmente se plantea.
“En este sentido, la preparación previa del colegio es fundamental. El sistema escolar es la base de una buena educación. Es difícil crear un sistema universitario de primera clase si antes no hay un buen sistema escolar en todo el país y en todo tipo de instituciones. Los alemanes y finlandeses se muestran muy fuertes en este sentido: PISA nos dice que el nivel de sus escuelas es bueno y que está muy bien distribuido”, ejemplifica el académico. “Chile está mejor que otros países de América Latina, pero todavía tiene camino por recorrer. Diría que es importante que a los niveles más infantiles (preescolar y los primeros años de colegio) se les considere una etapa más crucial. Los niños en este período aprenden mucho, y rápido. Con ayuda de buenos profesores, esto puede tener un potencial futuro de muchísimo valor”.
Simon Marginson cree que además de centrarse en mejorar la educación escolar, otra buena sugerencia es tomar más en cuenta a las instituciones de educación superior, que él llama “del medio”.
Se trata de aquellas que no resaltan entre las mejores de un país -generalmente, consideradas de elite-, pero que tampoco han mostrado ser lo suficientemente malas como para tener al ministerio u otro organismo encima, fiscalizándolas. “La verdadera prueba para el sistema universitario de un país no solo es contar con unas pocas buenas universidades, sino que tratar de que estas capas medias vayan mejorando y entreguen más oportunidades”.
Para sumar puntos en los rankings
Como especialista en el área, Simon Marginson ha escrito varias columnas relacionadas con los rankings de las mejores universidades del mundo, donde en los primeros puestos suelen estar establecimientos estadounidenses y británicos. Oxford, Caltech y Stanford son las mejores, según la clasificación de la firma Times Higher Education, mientras que en QS destacan el MIT, Stanford y Harvard. En la medición de Times Higher, las primeras universidades chilenas en la lista-U. Técnica Federico Santa María, U Católica y U. de Chile- aparecen recién en los puestos 400 a 500, mientras que en QS, la primera destacada -la UC- está en el puesto 147.
“Pienso que mucho de esto tiene que ver con que los rankings toman en cuenta las investigaciones que se publican en inglés, lo que deja fuera muy buena investigación humanista que se está haciendo en Latinoamérica, pero que no se traduce”, dice.
Asimismo, Marginson es enfático en recalcar que para seguir aumentando puestos, es fundamental dedicar más recursos a la ciencia, “área crucial para cualquier economía”.

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