España: Becas y ayuda estudiantil en tiempos de crisis
Junio 8, 2013

El Gobierno subordina la cuantía de las becas a las notas

Educación revoluciona el sistema de ayudas al estudio al dividirlas en una parte fija y otra variable que dependerá de la renta, del expediente y del presupuesto disponible

Madrid 8 JUN 2013 – 00:01 CET

El Ministerio de Educación proyecta dar un vuelco radical al sistema de concesión de ayudas al estudio. La cantidad a la que tienen derecho los becarios se reducirá sustancialmente para prácticamente todos los alumnos (entre 500 y 2.000 euros), aunque se completará con una cuantía de dinero “variable” que dependerá del nivel de renta, del rendimiento académico del estudiante y del presupuesto que el Gobierno decida destinar a la convocatoria. Esto es, se distribuirá entre los beneficiarios esa primera cantidad fija reducida (un máximo de 1.500 euros para los alumnos con menos recursos), y el resto del presupuesto se repartirá entre todos ellos aplicando una fórmula que tiene en cuenta la nota media del alumno, del resto de becados, y de la capacidad económica. El mínimo de ese monto variable será de 60 euros, pero cuando el alumno solicite una beca no sabrá cuánto dinero va a recibir finalmente.

Fuente: Borrador de Real Decreto. / EL PAÍS

El ministerio asegura que el nuevo modelo incentivará la mejora del rendimiento académico y que los que saldrán mejor parados serán los alumnos con menos renta y mejores notas, sin embargo, estudiantes, sindicatos y otros expertos lo rechazan por la incertidumbre que creará en los aspirantes a beca y porque reduce el derecho básico introduciendo además un modelo competitivo a merced de los presupuestos. En definitiva, porque lo ven como otro golpe a la política de igualdad de oportunidades, tras el endurecimiento de los requisitos académicos para acceder a una ayuda —que ha dejado fuera a miles de beneficiarios— y al encarecimiento de los precios de las matrículas que se ha producido este curso y que seguramente continúe el próximo.

Fuentes del departamento de Educación añadieron ayer que se trata de que los estudiantes respondan con mejores resultados al esfuerzo que hace la sociedad para pagar estas ayudas. Además, defienden que ahora habrá un reparto más gradual, de tal manera que no haya saltos excesivos entre quienes están muy cerca, pero en un lado u otro del umbral máximo de renta que da derecho a un dinero o a otro.

Pero lo cierto es que este nuevo sistema soluciona al Gobierno cualquier problema presupuestario que puediera acarrear en estos tiempos de crisis el modelo actual. Con él se establecen unas cantidades fijas que se consideran razonables para cumplir su objetivo (poder estudiar en otra comunidad, compensar que los hijos de familias pobres estudien en vez de trabajar). Ahora, ese dinero es un derecho del estudiante que se tiene que cubrir, aunque haya que ampliar para ello el presupuesto reservado. Con el nuevo sistema, sin embargo, se asegura que siempre habrá dinero suficiente, al bajar sustancialmente la cantidad que se recibe por derecho (por cumplir unos requisitos de renta y unos académicos) y hacer depender la parte variable del dinero que quede. “Se reduce drásticamente el derecho de los alumnos”, dice Montse Milán, de CC OO.

El borrador de decreto reduce los tipos de ayudas a tres: las que hasta ahora eran becas salario o compensatorias, para alumnos con menos recursos (que son este curso de entre 2.040 y 3.500 euros); las de residencia (para estudiar fuera de tu comunidad autónoma, este año, de entre 2.556 euros y 6.995) y una categoría de nueva denominación que se llama beca básica. Esta, en la etapa universitaria exime de pagar la matrícula. En el bachillerato y la FP, como no se suele tener que pagar matrícula (aunque varias comunidades como Madrid y Cataluña ya cobran la FP de grado superior en la pública), sustituye a la “beca de escolaridad”, que actualmente asciende hasta 581 euros y ahora queda en 200.

La cantidad a la que tienen derecho se reducirá entre 500 y 2.000 euros

Así en la parte variable se subsumen un buen número de las actuales ayudas, por ejemplo, las de material escolar, de transporte si se vive lejos del centro educativo o el suplemento por estudiar en grandes ciudades (donde el coste de la vida es mayor). Los únicos becarios que saldrán ganando con la nueva cantidad fija son los de los programas de cualificación profesional inicial (la futura FP Básica), que este curso cobran 1.363 euros y pasarán a esos 1.500 euros generales tanto en las enseñanzas universitarias como no universitarias, más el mínimo de 60 euros de parte variable.

Además, el decreto retoca los umbrales de renta familiar que no se puede sobrepasar para acceder a una beca: las rentas máximas y las mínimas se mantienen, pero se eliminan los dos tramos intermedios, que ya no son necesarios, explica el ministerio, al reunir los tipos de ayudas en unos pocos y repartir el dinero más escalonadamente. Así, para conseguir las ayudas más cuantiosas, las familias de tres miembros tienen que vivir con menos de 11.143 euros anuales. Para no tener que pagar la matrícula universitaria, el máximo que puede ganar al año un hogar de tres miembros es 38.000.

El ministerio admite que no sabe cuánto cobrarán de media los nuevos alumnos, ni el máximo que cobrarán ni el porcentaje de alumnos que solo obtendrá el nuevo y reducido mínimo, pues dependerá del número total de becarios y del presupuesto que quede una vez repartida la parte fija (más la exención de tasas). Ayer, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, aseguró ayer que en principio se mantendrán los 1.300 millones de euros que actualmente se destinan a las becas generales. El ministerio añadió que no cree que los máximos que finalmente cobren los alumnos (al menos, algunos) sean mayores que las cantidades fijadas actualmente.

El ministerio dice que el cambio estimulará el mérito académico

“Para llegar a los actuales 3.500 euros de beca salario, tendría que quedar la mitad del presupuesto para repartir en esa parte variable”, opina Juan José Moreno, que fue director general de Política Universitaria del Ministerio de Educación durante el Gobierno socialista. Además, le parece “una barbaridad” reducir el derecho de los estudiantes y convertir el resto en una competición a merced de una fórmula complicada y, sobre todo, de la disponibilidad presupuestaria.

Hay que tener en cuenta, no obstante, que el número de becarios ha descendido tras el endurecimiento de los requisitos académicos que se inició el año pasado y se profundizará este. Solo en Andalucía, se han perdido 11.846 becas de FP y Bachillerato respecto al curso pasado. En la Universidad de Sevilla (el segundo campus presencial más grande de España) ha aumentado un 20% el número de solicitudes denegadas. Así, con menos becarios a repartir el mismo dinero, es posible que muchos puedan cobrar más.

En todo caso, el número de beneficiarios será, sin duda, menor, de lo que se quejan muchas organizaciones sociales y los estudiantes. El curso que viene,

El modelo puede aliviar al Gobierno en épocas de asfixia presupuestaria

en las etapas no universitarias, los alumnos repetidores no podrán acceder a beca. Y deben llegar al bachillerato con un 6 de nota media de la ESO. Los que pasen a la Universidad deberán hacerlo con 6,5 de media en las pruebas de acceso.

Una vez en la carrera, para mantener la ayuda, deberán aprobar todas las asignaturas matriculadas (menos los estudiantes de ingenierías y Arquitectura, que es el 85%). Sin embargo, la norma permite acceder a la ayuda también a los que aprueben, al menos, entre el 80% y el 90% de las materias y tengan una nota media en ellas de 6,5 (en las ingenierías será el 65% de las asignaturas y una media de 6). Para tener ayuda en los estudios de máster, la calificación en la carrera debe ser al menos de 6,5 para posgrados que dan acceso a profesiones reguladas (por ejemplo, el que es obligatorio para convertirse en profesor de secundaria) y de 7 para el resto.

Cuando se introdujeron estas medidas muchos colectivos las criticaron por considerar que eran socialmente injustas, pues creen que se debe separar las ayudas que pretenden conseguir la igualdad de oportunidades (que ningún alumno se quede sin estudiar por falta de medios) y las que pretenden fomentar la excelencia. Y en eso mismo insisten ahora los alumnos, el sindicato CC OO y la consejera de Educación de Andalucía, Mar Moreno (PSOE). “Creo que se trata de otra pérdida efectiva en la igualdad de oportunidades; este año ya ha sido una escabechina”, se queja Moreno y añade: “En estos momentos de crisis no se pueden hacer experimentos con la educación y mucho menos con un sistema que ha funcionado y que está completamente asentado como es el de becas”; “se obliga a sacar mejor nota a los que menos tienen”.

Los únicos becarios que saldrán ganando son los de la futura FP básica

Precisamente eso es lo que le preocupa a Aratx Catro, portavoz de Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas Españolas (CREUP). Se refiere a esos jóvenes que muchas veces no pueden dedicarse a los estudios porque se ven obligados a trabajar, incluso, recibiendo las cuantías actuales de becas. La mayor reducción de la bajada que se ha dado este año en Andalucía es en la parte de las becas salario.

De hecho, desde CC OO rechazan lo que consideran otra maniobra más para reducir las becas. “Cada vez las ayudas fomentan más lo que llaman excelencia y menos su faceta de compensación social”, señala Francisco García, responsable de Enseñanza del sindicato. No hay que olvidar que, desgraciadamente, el nivel económico condiciona los resultados, y eso es precisamente lo que tiene que compensar la educación, añade.

Castro se queja, además, que el actual ministerio no ha convocado nunca el Observatorio de Becas y Ayudas al Estudia, donde están respresentados estudiantes, sindicatos, rectores y patronales. El borrador de real decreto de becas pasará las próximas semanas por el Consejo Escolar del Estado, la Conferencia Sectorial de Educación y el Consejo de Universidades.

 

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Francisco Michavila

“Esta medida solo favorece la exclusión”

El director de la Cátedra Unesco de Gestión y Política Universitaria considera el sistema de ayudas insolidario

Francisco Michavila, director de la Cátedra de la Unesco de Gestión Universitaria.

Para Francisco Michavila, catedrático de Matemática Aplicada y director de la Cátedra Unesco de Gestión y Política Universitaria de la Universidad Politécnica de Madrid, la nueva política de becas no tiene de bueno “nada, o muy poco”.

Pregunta. ¿Cómo valora el nuevo sistema de ayudas?

Respuesta. La medida llega en el momento menos adecuado. Es un sinsentido endurecer las exigencias para conseguir una beca justo cuando las familias tienen las mayores dificultades económicas, el paro juvenil está disparado y las tasas universitarias han subido muchísimo. Va en contra de cualquier política de solidaridad. Solo favorece la exclusión social. España ha tenido siempre unos datos de becas muy desfasados: un 0,08% del PIB, cuando la media de la OCDE es del 0,24. El objetivo del anterior Gobierno fue, entre 2005 y 2007, reducir la diferencia. Y algo se hizo, pero llegó la crisis y se atenuó. Las becas son nuestra asignatura pendiente.

P.  Aún no se conocen los detalles.

R. Sí… pero tiene un tufillo. Si para acceder a una beca universitaria se sube el mínimo a un 6,5 queda mucha gente fuera, y si, encima, se aplican variables, es evidente que se va a ahorrar dinero. El grado debe ser una forma de redistribución social y no debería exigirse una nota de entrada. Cualquiera debería tener acceso a la Universidad, como fuente de conocimiento. Luego ya se le puede exigir ir aprobando, pero no con unos porcentajes tan altos: ¡100% en Humanidades!

P. Pero los porcentajes de repetición en educación obligatoria y universitaria son muy altos.

R. Lo son, pero la solución no está en las becas. Lo que hay que hacer es una verdadera política educativa. Que mejore el qué y el cómo se explica. Si se consiguiera interesar a los estudiantes repetirían menos. Hay que hacer unas clases más activas, con menos teoría. En España siempre han sido así porque es un sistema de docencia mucho más barato. Un 20% de los alumnos abandona los estudios y un 30% se cambia de carrera. Eso es inadmisible. Se podía hacer como en la facultad de Económicas de Amsterdam. El decano decidió entregar una determinada cuantía económica a cada alumno que aprobase todas las materias y subió muchísimo la tasa de aprobados. Conclusión: un gran negocio para su universidad, que no tuvo que volver a invertir en las segundas matrículas. Al fin y al cabo los estudiantes pagan la parte más pequeña.

P. El ministro José Ignacio Wert quiere premiar la “cultura del esfuerzo”.

R. Se ha recuperado hablar de valores como la eficacia o el esfuerzo, que son positivos pero están mitificados. Todos nos tenemos que esforzar. Mis alumnos no son unos vagos tirados en el aula sin interés por nada. Cuando quieren irse al extranjero compiten con muchos y se esfuerzan muchísimo. Pero no puede hacerse una universidad solo para los mejores, con las notas más altas. Eso responde a una mentalidad que te lleva a los tiempos más oscuros del pasado. Cuando estudiaban los ricos y los muy listos. Se está criticando y desprestigiando a las universidades públicas cuando, según el CIS, sus profesores están entre las profesionales mejor estimados (7,5), mientras el señor Wert es el ministro peor valorado (1,76 en mayo). De seguir así, cuando entregue diplomas ni un estudiante va a estrecharle la mano.

P. ¿Cómo actuaría en los títulos de posgrado?

R. Creo que en los grados tiene que haber becas y en los posgrados, además, préstamos sin retorno. Existen ya en algunas universidades de Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. Si el alumno tiene unas notas muy brillantes, no devuelve el crédito.

P. En apariencia los alumnos de Formación Profesional parecen salir al fin favorecidos.

R. Si finalmente es así, habría algo de bueno en el sistema. La FP es la hermana pobre que siempre se ha visto para los menos capaces. Hay que favorecer el flujo de profesores y alumnos en los dos sentidos.

P. ¿Cómo ve el futuro?

R. Estábamos en la onda de Europa —aunque hiciésemos trampas, como con la burbuja de la construcción— y la hemos abandonado. Hace tres o cuatro años gastábamos en educación general el 4,9% del PIB, y la idea era llegar a aumentar hasta un punto más. Y, no solo no hemos crecido, sino que vamos bajando. Invertir en educación no es insolidaridad con los parados. Por cada euro invertido, la sociedad recibe tres o cuatro. ¿Qué inversión financiera te da ese interés?

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