En medio de la tormenta que oscurece el horizonte de la conversación educacional en Chile, circula el libro Otra Educación: Aprender en el siglo XXI (Editorial Laurel, Santiago de Chile).
José Joaquín Brunner, 13 de abril de 2026
El libro de Eugenio Severin llega en un momento en que la educación en América Latina ha acumulado diagnósticos, pero carece de propuestas que respalden dichos análisis. Otra Educación: Aprender en el siglo XXI no busca solucionar ese déficit de inmediato, pero sí dificulta aún más el proceso: pensar el aprendizaje con rigor y sin ilusiones.
A diferencia de algunos manifiestos pedagógicos que confunden urgencia con profundidad, Severin sostiene que transformar la educación requiere una coherencia sistémica. Impulsar el aprendizaje hacia competencias digitales, creativas y colaborativas no se logra con reformas superficiales; es necesaria una articulación deliberada entre la innovación pedagógica, la formación docente y las condiciones institucionales. Hace tiempo que defiendo esto y el libro lo explica con evidencia y claridad.
Uno de los argumentos más sólidos del texto se refiere a la profesión docente. Severin enfatiza que cualquier reforma educativa requiere una transformación profunda en la formación, la dignificación y el apoyo a los maestros. Tiene razón, pero es necesario expresarlo con mayor crudeza: las sociedades modernas atraviesan una pérdida progresiva de autoridad del profesor, acompañada de la disminución de la autoridad de otras instituciones —el padre, la ley, las jerarquías tradicionales—. Este contexto común es uno de los motivos más profundos de la crisis actual en la educación, y ninguna política de formación docente podrá solucionarlo sin enfrentar también este problema político y cultural más amplio.
En esta línea, es importante recordar a Hannah Arendt: educar no consiste solo en transmitir conocimientos técnicos, sino en asumir una responsabilidad histórica y moral por el mundo que compartimos. Su concepto de amor mundi sitúa al educador no como un mero técnico, sino como un mediador en la transmisión intergeneracional del patrimonio cultural. Este libro refleja ese mismo compromiso. La escuela que propone no es un espacio enfocado en optimizar resultados, sino un lugar donde se aprende a conocer, hacer, convivir y ser —el antiguo ideal que la UNESCO definió hace casi treinta años y que aún no hemos logrado preservar.
El punto en el que el argumento se vuelve más exigente —y más interesante— es el análisis de la inteligencia artificial. Severin evita caer en la fascinación tecnocrática que predomina en gran parte del debate actual, pero tampoco se inclina por posiciones apocalípticas. En cambio, presenta la IA como un recurso para una renovación global, con una perspectiva ética y política que muchos pasan por alto: ¿a quién beneficia la personalización algorítmica del aprendizaje? ¿Qué tipo de formación ciudadana puede sostenerse en un entorno diseñado para maximizar los resultados individuales?
La pandemia evidenció la gran dificultad para transitar desde las comunidades escolares hacia los entornos digitales. Esa experiencia debería haber moderado los entusiasmos, pero no siempre fue así. El libro advierte con sensatez que aprovechar las tecnologías inteligentes requiere, primero, de un orden pedagógico bien estructurado que impida trasladar las dinámicas escolares a las redes sociales y el aprendizaje a los chats con IA.
Exactamente allí está la tensión que el lector atento percibirá. Otra Educación identifica claramente la brecha entre las prácticas educativas y las demandas de equidad; llama a romper las ‘inercias de la reproducción social’. Sin embargo, entre el diagnóstico y la propuesta existe una brecha que el libro no logra cerrar por completo: la transformación que propone requiere acuerdos sociales amplios, liderazgos pedagógicos comprometidos y capacidades institucionales que, en la mayoría de los sistemas latinoamericanos, aún están lejos de alcanzarse. Sin una renovación democrática que restaure la legitimidad del Estado y sin condiciones económicas que permitan financiar servicios sociales sostenibles, la educación que Severin plantea seguirá siendo, para muchos, solo una aspiración sin capacidad de impulso. Esa distancia no invalida el argumento, sino que lo vuelve más complejo. Y quizás esa era la tarea más necesaria.
Este texto, en resumen, desafía a docentes, directivos y creadores de políticas a ver la educación como un sistema complejo, donde innovar sin coherencia solo reproduce el caos con palabras nuevas. Que este llamado se acompañe de rigor conceptual y honestidad en el diagnóstico lo convierte, en el contexto actual de la literatura latinoamericana, en una contribución que merece ser leída y debatida.
Eugenio Severin (Viña del Mar, 1968) es director ejecutivo de Tu Clase, Tu País, consultor en educación y docente del Magíster en Políticas Públicas en Educación de la Universidad de Chile. Estudió literatura en la Universidad Católica de Chile y cursó un MBA en el Loyola College de Maryland. Fue director de tecnologías para la educación en la Fundación Chile y jefe de gabinete y jefe nacional de la Unidad de Atención e Información Educacional del Ministerio de Educación. Fue también especialista senior en educación del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington, D.C. Hoy vive en Santiago de Chile con su familia.
Interesante el análisis que hace Bruner del libro de Eugenio Severin, más, dice que algo le falta: la conjunción de Estado, maestros y sociedad.
Mientras no se dé lo anterior difícil llegar a lo que plantea Severin. En todo caso hay que leerlo.
Concuerdo, hay que leer el libro de Eugenio Severin.
JJB