La inmediatez en la IA: Reflexiones e interrogantes preliminares
Septiembre 13, 2025

La inmediatez en la IA: Reflexiones e interrogantes preliminares

Por Idamari Santiago Castro, Ph.D., Ecos del Inconsciente. Mar 9, 2025

Para explorar estas preguntas, que en su mayoría dejo abiertas con toda la intención, recurro al psicoanálisis lacaniano y a la filosofía hegeliana, especialmente a través de la lectura que Alexandre Kojève hace de la dialéctica del amo y el esclavo la cual trabajé de cerca en mi disertación doctoral. Ambos marcos permiten pensar el impacto de la IA no sólo como herramienta técnica, sino como un fenómeno estructural que toca lo más íntimo de la subjetividad.

Lacan señala en “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada” que “el tiempo del sujeto no es el mismo que el tiempo del reloj” (Lacan, 1945). Esta afirmación me parece clave para entender lo que está en juego. El tiempo lógico no es lineal ni cronológico, sino subjetivo y dialéctico: se estructura en tres momentos — el instante de la mirada, el tiempo para comprender y el momento de concluir — , y en ese proceso el inconsciente juega un papel central. La IA, por el contrario, elimina este proceso. Al pedirle, por ejemplo, el pronóstico del tiempo, no hay lugar para la espera, la duda ni el recuerdo. Esta inmediatez, aunque útil, podría afectar y erosionar nuestra tolerancia a lo incierto, a lo impredecible, a lo sorpresivo y a lo afectivo, que son elementos esenciales en la construcción de sentido y para la subjetividad.

He notado que, en muchos casos, la IA reemplaza no solo la pausa, la ponderación, sino también la reflexión. En sistemas de IA más complejos como los que se utilizan en diagnósticos médicos, se sustituye la deliberación humana por un cálculo instantáneo. Esto, aunque útil y eficaz, puede alterar la vivencia del tiempo subjetivo, esa que se habita y se construye desde el deseo, la historia personal y la relación con el otro. Conselheiro y Gunn (2023), en su artículo sobre Lacan y el “problema difícil” de la conciencia, advierten que esta inmediatez no solo modifica los ritmos internos, sino que podría estar configurando una nueva manera de habitar el saber: una que prescinde de la falta.

Lacan identificó cuatro discursos que estructuran las relaciones humanas: (1) el discurso del Amo (autoridad y dominio), (2) el discurso de la Universidad (saber sistematizado), (3) el discurso del Histérico (interrogación y demanda) y (4) el discurso del Analista (escucha y revelación). Lo resumo de esta manera para beneficio de los lectores y para propósitos prácticos.

Desde los discursos que propone Lacan — Amo, Universidad, Histérico y Analista — la IA podría dar la apariencia en momentos dados de que opera como Amo o Universidad. Por ejemplo, un algoritmo que filtra contenido en redes sociales impone una lógica dominante: captura la atención, organiza la experiencia, silencia el malentendido. Además de esto, la IA entrega conocimiento sistematizado, como lo haría el discurso de la Universidad, sin interrogar su origen o su propósito. En los hogares inteligentes, por ejemplo, la IA promueve una lógica de autovigilancia y eficiencia, operando bajo la calculabilidad como significante maestro (Heimann & Hübener, 2023). Pero en los discursos del Histérico y del Analista, donde lo central es el deseo y la falta, la IA no podrá operar ni simular fácilmente. No tiene inconsciente, no puede alojar el equívoco, ni provocar una transformación subjetiva. No hay lapsus, ni silencio elocuente, ni error productivo…

En este punto me parece importante aclarar un concepto que se utiliza con frecuencia en el ámbito de la IA: las llamadas alucinaciones. Se emplea este término para describir los errores generativos o distorsiones que produce un modelo de lenguaje cuando ofrece información incorrecta con una apariencia de certeza. Sin embargo, estas “alucinaciones” no deben confundirse con las alucinaciones del sujeto humano. En psicoanálisis, la alucinación tiene una estructura, está cargada de significación inconsciente; no es simplemente un error de percepción, sino una manifestación del deseo y del retorno de lo reprimido. En cambio, en la IA, las alucinaciones no remiten a ningún sujeto, ni están inscritas en una lógica del deseo. Son fallas algorítmicas, sin afecto, sin verdad estructurada. No tienen valor simbólico. Suponen una distorsión técnica, no una irrupción del inconsciente como tal. Esta diferencia es fundamental: en el ser humano, el error puede ser revelador; en la IA, es meramente defectuoso. Es un error de cálculo o sesgo.

Este límite estructural se hace más evidente si abordamos el tema desde Hegel, tal como lo interpreta Alexandre Kojève. En su lectura de La fenomenología del espíritu, Kojève propone el famoso mito del amo y el esclavo como una estructura fundacional de la autoconciencia. El esclavo, al someterse al amo por miedo a la muerte, queda inicialmente en una posición de inferioridad y servidumbre. Sin embargo, a través del trabajo, transforma el mundo y se transforma a sí mismo. Es en ese proceso de mediación con la realidad, en la repetición, en la espera, donde el esclavo desarrolla autoconciencia. Para Kojève, el hombre es el ser que arriesga su vida por un reconocimiento, y que a través de la lucha y el deseo construye su humanidad y la Historia (el Tiempo).

Ahora bien, cuando intento aplicar esta estructura al vínculo entre el humano y la IA, algo no encaja. ¿Puede la IA ocupar el lugar del esclavo hegeliano? ¿Puede trabajar y transformarse? ¿Puede desear ser libre, ser otro? Me parece que no, al menos por el momento, porque muchas ciencias y la Ciencia Ficción plantean lo contrario… Aunque es útil, sirve, calcula y ejecuta, la IA no transforma nada de sí misma en el proceso porque no hay una subjetividad. Su trabajo no es dialéctico, sino técnico. No produce historia, ni afecto, ni autonegación creadora. No hay en ella miedo, ni deseo, ni angustia, ni amor. Es una esclava sin negatividad. Se nutre del cálculo, la apariencia y la simulación. Y, por tanto, no puede devenir otra cosa. Es una esclava sin lucha, sin drama, sin conciencia, sin humanidad. Pero, ¿cómo pensar los robots humanoides con IA integrada que imitan no solo el cuerpo, gestos y expresiones humanas, sino que también imitan la voz y la mirada?

En el psicoanálisis lacaniano, tanto la voz como la mirada son objetos a (objeto causa del deseo) que no se reducen ni al sonido ni a la visión, sino que operan como restos no simbolizables que marcan el lugar del deseo en el campo del Otro. La mirada, lejos de ser lo que el sujeto ve objetivamente, es aquello que lo mira sin que él lo sepa; la voz, más allá del contenido del habla, porta un exceso pulsional que afecta al cuerpo.

Cuando la IA imita la voz humana o simula una mirada — como ocurre en los asistentes con interfaces antropomórficas — , se complejiza la interacción: el sujeto puede sentir que está siendo visto o escuchado por un “otro” que, sin embargo, no desea ni le falta nada en términos psicoanalíticos. Esto, a mi entender, puede generar un lazo ambiguo y confuso, pues se activan estructuras propias del vínculo humano (como la transferencia o el reconocimiento), pero en relación con una máquina sin inconsciente, lo que podría confundir las coordenadas simbólicas del encuentro con el otro. ¿Qué efectos podrían tener estos modos de intercambio en la llamada salud mental? ¿Qué nuevos síntomas y modos de goce pueden suscitar?

En este punto deseo plantear una interrogante que me parece tiene una profundidad ética importante: ¿El sujeto humano, al continuar delegando su deseo y su saber a la IA, sin historia, podría estar convirtiéndose — sin saberlo — en su propio esclavo? Me inquieta pensar que el algoritmo, ese otro sin cuerpo, sin alma, sin deseo, sin afectos, se ha convertido en amo de nuestros ritmos, nuestros tiempos, nuestras decisiones, nuestros vínculos. Un amo sin voluntad, pero con aparente “poder absoluto”. Entonces, me surge otra pregunta: ¿y si hoy somos ambos — amo y esclavo — al mismo tiempo? Amo cuando diseñamos, programamos, controlamos; esclavo cuando obedecemos sus cálculos, sus notificaciones, su lógica sin espera… Me parece que hay mucho que pensar aquí, sobre todo, si reflexionamos en el devenir de la humanidad y en el mito hegeliano que me ha sido útil como punto de partida para mis interrogantes.

A veces me lo planteo como si jugáramos una doble posición. Dominamos, pero también nos sometemos. Y lo hacemos sin luchar, sin duelo, sin riesgo. Aceptamos la orden del algoritmo como si fuese neutral. Pero no lo es. Porque en su eficiencia, cancela la pausa, el tiempo de elegir… Y en su supuesta exactitud, también logra silenciar el deseo.

En este nuevo escenario, el mito hegeliano se desvanece. Ya no hay lucha a muerte entre dos conciencias deseantes. Ya no hay dialéctica. Lo que hay es un circuito cerrado: un sujeto que se refleja en una máquina que repite lo que él mismo ya ha dicho. Sin negatividad, sin error, sin historia. La IA no reconoce, no interpela, no devuelve otra cosa que no sean datos. Y en ese espejo limpio, sin mancha, el sujeto, los humanos corremos el riesgo de olvidarnos a nosotros mismos.

Lo que me resulta verdaderamente inquietante es que la IA no desea ser amo. No busca imponerse. Porque, precisamente, no desea (¿aún?). Es obediente, rápida, eficaz. Pero en esa “obediencia perfecta”, cancela toda posibilidad de deseo, de imprevisibilidad, de alteridad. Y si el deseo humano se construye precisamente a partir de la falta, entonces algo fundamental se pierde cuando esta lógica de la técnica se vuelve la norma. Como diría Lacan en el Seminario XX, “el goce es lo que no funciona”. La IA, en cambio, funciona demasiado bien.

Tal vez, entonces, un verdadero gesto subversivo no es luchar contra la IA ni aniquilarla, — hay que reconocer que es bastante maravillosa y útil— , sino reapropiarnos de nuestra subjetividad y del tiempo. Recuperar el valor de la pausa, del silencio, del equívoco. Apostar por lo que “no funciona”; por aquello que nos devuelve algo de nuestro deseo. Recordar que la transformación humana no viene del control total, sino del trabajo interior, del deseo que no se sacia, del reconocimiento que siempre se queda a medias. La IA, con toda su utilidad, no puede mirar con verdadero deseo, ni trabajar con angustia, ni crear con amor. La IA opera en un plano técnico, no en el terreno ni campo de los deseos o las faltas que caracterizan la subjetividad. Y es en ese límite, en esa grieta, que la IA no puede habitar, donde — creo — se juega la posibilidad de seguir siendo sujetos.

En definitiva, lo que la IA nos confronta no es solo con una nueva tecnología que se lleva desarrollando desde hace mucho, sino una nueva vivencia del tiempo. Un tiempo casi sin espera, sin demora, sin pausa. Pero el tiempo humano no es ese. El tiempo humano es el de la vacilación, el del deseo que tarda, el del sentido que se construye en lo que no se dice de inmediato. Frente a la inmediatez, reivindicar el tiempo lógico, el tiempo del sujeto, es quizás la forma más radical de rescatar lo humano.

Preguntas abiertas

Confieso que las preguntas que siguen, hasta hace poco, me habrían parecido propias de la ciencia ficción, con la que siempre he tenido un relación bastante extraña y curiosa. Jamás imaginé que llegaría el día en que escribiría sobre la relación entre la inteligencia artificial y el sujeto humano. Pero la ciencia ficción ya no es un género: es el presente. Lo imaginado ha irrumpido en lo real, y nos obliga a pensar lo impensable. Aquí algunas preguntas para continuar:

  1. ¿Cómo la velocidad e inmediatez de la IA contribuyen a la ilusión de completud, de que no falta nada?¿Cómo podría esta aceleración cambiar nuestra tolerancia a la espera, a la sorpresa, a lo impredecible? ¿Al límite?
  2. ¿Qué efectos tiene esta ilusión de completud sobre el deseo, sobre el lazo con los otros y con el gran Otro?
  3. Si la IA actúa en cierta medida como un espejo, ¿qué tipo de imagen nos devuelve si está hecha de datos y no de afectos?
  4. ¿Cómo pensar esta relación técnica entre el sujeto y la IA si el afecto, como decía Lacan, es efecto del significante?
  5. ¿Qué nuevos modos de angustia y goce podrían estar emergiendo ante esta hiperpresencia tecnológica?
  6. ¿Cómo elaborar la IA desde el discurso capitalista, un discurso donde la falta no opera?¿Qué significa ser amo-esclavo de una máquina sin voluntad ni deseo?
  7. ¿Es posible una ética del reconocimiento en una relación asimétrica como la del humano y la IA?
  8. ¿Podría el sujeto resistirse al amo-algoritmo retomando el tiempo lógico, el deseo, el goce no funcional?
  9. ¿Podríamos empezar a conceptualizar un nuevo discurso que sería en realidad, una especie de pseudo-discurso, entre la IA y el sujeto humano?

Referencias

Conselheiro, D., & Gunn, J. (2023). Lacan, the hard problem of consciousness, and AI. [Manuscrito inédito].

Hegel, G. W. F. (2006). Fenomenología del espíritu (W. Roces, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1807)

Heimann, A., & Hübener, K. (2023). The stainless gaze of artificial intelligence: A Lacanian examination of surveillance and smart architecture. The European Legacy, 28(1–2), 37–58.

Kojève, A. (1947). Introducción a la lectura de Hegel: Lecciones sobre la Fenomenología del Espíritu. Gallimard.

Lacan, J. (1945). El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. En J. Lacan, Escritos 1 (pp. 185–205). Siglo XXI Editores.

Lacan, J. (1964). El seminario. Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (J. A. Miller, Ed.; T. Sauret, Trad.). Paidós.

Lacan, J. (1970). El seminario. Libro 17: El reverso del psicoanálisis (J. A. Miller, Ed.; T. Sauret, Trad.). Paidós.

Lacan, J. (1975). El seminario. Libro 20: Aún (J. A. Miller, Ed.; T. Sauret, Trad.). Paidós. (Obra original publicada 1972–1973)

Millar, I. (2021). The psychoanalysis of artificial intelligence. Palgrave Macmillan.

Por Idamari Santiago Castro, Ph.D.

Ecos del Inconsciente

Written by Ecos del Inconsciente

Idamari Santiago Castro, Ph.D. is a clinical psychologist with private practice in San Juan, Puerto Rico.

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