Coronavirus y cultura de aprendizaje
Abril 3, 2020

captura-de-pantalla-2020-04-01-a-las-11-21-19Coronavirus y cultura de aprendizaje
Javier Martínez Aldanondo
Socio Cultura de Aprendizaje de Knowledge Works
[email protected] y [email protected]

www.javiermartinezaldanondo.com

Twitter: @javitomar

La crisis actual del coronavirus se explica porque no le otorgamos al aprendizaje la importancia que tiene. Mi definición de aprender es “acumular EXPERIENCIA reutilizable en el futuro”. Estamos pagando el altísimo precio de olvidar epidemias previas (EXPERIENCIA) como el SARS en 2002 o de no aprender rápidamente de WuhanNo se trata de que no sepamos sino que nos cuesta aprender, como nos acaban de demostrar los británicos. Y si no aprendemos, volverá a suceder. Esta es una lucha para comprobar si gana el virus o triunfa el conocimiento. El momento de aprender es ahora y no cuando todo haya terminado.

 

La premisa de este artículo es muy sencilla: lo más importante no es QUÉ aprendemos sino algo previo, CÓMO nos aseguramos de que aprendemos. No es lo mismo en absoluto. Diariamente circulan miles de opiniones sobre lo que estamos aprendiendo. Es inevitable y prematuro, cada semana las lecciones irán cambiando. Pero olvidamos algo esencial. Para que haya aprendizaje tiene que haber rutinas planificadas para que el aprendizaje tenga lugar. De lo contrario, el aprendizaje no ocurre. Si te pregunto qué aprendiste el año pasado, te va a costar trabajo responder. No significa que no aprendiste pero si no lo haces consciente, es como si no existiese y no lo podrás gestionar. El aprendizaje no sucederá por mucho que insistamos en que debemos aprender. El aprendizaje solo se hará consciente cuando generemos rutinas colectivas cuyo único objetivo es aprender. Podremos aprender siempre que destinemos tiempo y recursos y aseguremos la participación de quienes tienen conocimiento crítico. Si lo consideramos como una actividad ineludible dentro de la vorágine de acontecimientos que nos desbordan. Históricamente, los seres humanos hemos aprendido espontáneamente pero nos falta cultura de aprendizaje. La cultura de aprendizaje es la clave para salir bien parados de esta crisis y evitar la siguiente.

 

¿Qué es la cultura de aprendizaje? “En nuestra organización solo terminamos una tarea o cerramos un proyecto cuando reflexionamos en equipo, capturamos lo que hemos aprendido y lo que haríamos distinto la próxima vez y lo difundimosY no empezamos a hacer nada sin averiguar si hay conocimiento disponible, si alguien ya hizo lo que vamos a hacer.” No se realiza NINGUNA ACCIÓN que no considere el APRENDIZAJE y en TODO LO QUE HACEMOS hay siempre oportunidades para APRENDER. El aprendizaje es parte indivisible del trabajo. Es imposible trabajar sin aprender.

¿Cómo se inserta el aprendizaje en la cultura? Una manera sencilla de graficarlo es considerar 3 momentos para aprender: ANTES, DURANTE y DESPUES.

 

1. APRENDER ANTES: No podemos predecir el futuro. Si revisamos el pasado reciente, hemos sufrido emergencias medioambientales (terremotos, erupciones, inundaciones, sequias, incendios), sanitarias (Zika, Ébola, H1N1, gripe aviar) y político-sociales (2019 fue tan pródigo que no hace falta retrotraerse a las torres gemelas o a la crisis de 2008). Ya deberíamos haber aprendido que lo inesperado va a ocurrir y que somos vulnerables. Toda organización necesita una red de sensores que le provean información en tiempo real de lo que está pasando en el mundo. En los barcos, la misión del vigía era otear el horizonte, anticipar lo que venía para alertar a la tripulación. Pero al mismo tiempo, la empresa debe tener a mano los aprendizajes de lo que pasó previamente. El objetivo es sacar partido del conocimiento disponible para anticipar escenarios y tratar de evitarlos. Y en caso de que no sea posible, reaccionar rápidamente con lo que ya sabemos y asegurarnos de aprender para la siguiente ocasión. La vacuna para el Covid-19 tardará aproximadamente 1 año (tiempo récord). Empezar a generar ese conocimiento para neutralizar el virus cuando tenemos el problema encima es una opción poco feliz.

En Aprender Antes hay 2 preguntas clave ¿Qué sabemos? y ¿Qué podemos aprender de otros que lo hicieron antes? Es decir, de qué conocimiento disponemos antes de hacer algo y dónde podemos encontrar el conocimiento que necesitamos. Justo lo que no hemos considerado con el Covid-19…

Cuando le preguntaron a Einstein cuál era la diferencia entre él y un ciudadano normal, respondió “si le pides a la persona normal que encuentre una aguja en el pajar, se detiene cuando encuentra una aguja. Yo, sin embargo pondría patas arriba todo el pajar en busca de todas las agujas posibles”. Esta crisis ¿era impredecible? ¿inevitable? Había numerosos antecedentes y los expertos confirman que se sabía e incluso se esperaba que algo así pudiese suceder. La inversión para desarrollar la vacuna, estar equipados con tests, insumos, personal e infraestructura, haber reforzado la colaboración internacional, etc. era elevada. Pero el costo de esta crisis resultará muchísimo más caro. Estamos condenados a vivir como si la siguiente pandemia estuviese a la vuelta de la esquina.

¿Qué rutinas de aprendizaje podemos incorporar? Identificar y Evaluar los Riesgos concienzudamente (¿tendrán las empresas que contratar guionistas de Hollywood?). Intercambiar Conocimiento con Terceros y aprender de sus experiencias (benchmarking). Diseñar Bases de Conocimiento Inteligentes (qué podemos aprender de lo que pasó antes). Simular Escenarios Futuros (y si ocurriera…). Impulsar la Vigilancia Competitiva. Innovar y cuestionar lo que sabemos revisando las rutinas defensivas que nos impiden aprender y desaprender.

 

2. APRENDER DURANTE: Dado que nunca hubo un Aprender Antes, cada país está reaccionando con los recursos que tiene a su alcance. Es una respuesta desesperada pero no la más eficiente, sobre todo porque existía conocimiento que despreciamos. Hoy actuamos a ciegas: no sabemos si una decisión será la adecuada o si se debería optar por otra mejor. Dependemos del conocimiento de unos heroicos trabajadores de la salud, brutalmente sobre exigidos.

En esta etapa, lo crítico es ¿Qué estamos aprendiendo? Ojo, no se trata de una pregunta, sino de una rutina en la que formularnos esa pregunta y aplicar 3 hábitos para aprender: reflexionar, sistematizar y compartir ¿Por qué es fundamental aprender y detenerse a pensar “mientras nos duele”? Es imprescindible realizar esa rutina cuando estamos inmersos en la crisis para hacer consciente el aprendizaje. Al ser humano las cosas le preocupan intensamente en el momento en que ocurren pero después las olvida. Apenas superamos las tragedias, volvemos a lo cotidiano, al mundo tangible y físico (tenemos que comer todos los días), apartamos la vista del futuro y dejamos de lado lo que no vemos. El virus, al ser un enemigo invisible e intangible, se aprovecha de nuestra ceguera y relajación. Por eso es crucial priorizar el aprendizaje y asumir el lugar al que nos ha conducido nuestra obsesión por ejecutar. Tenemos procesos para producir pero necesitamos procesos para aseguramos de que se aprende a medida que se produce. Mientras desarrollamos la vacuna o comprobamos la efectividad de las diferentes medidas, es obligatorio incluir rutinas reflexivas para aprender de las decisiones que estamos tomando. Si lo dejamos para el final no solo nos costará recordarlo sino que no podemos aprovechar inmediatamente lo que estamos aprendiendo. Por ejemplo ¿qué medidas funcionan en los países que obtienen buenos resultados? Es evidente que la inmensa mayoría de los esfuerzos tienen que estar concentrados en resolver el problema. Pero al mismo tiempo, tenemos que dedicar algo de energía a entender cómo lo estamos resolviendo, dejar registro de qué funciona, qué no y por qué, qué otras alternativas podríamos haber considerado, qué estrategias se demuestran exitosas y cuales no y cómo utilizar ese conocimiento, etc. Solo así podremos recopilar aprendizajes, sistematizarlos y compartirlos. De otra manera, no tendremos trazabilidad de cómo superamos el desastre lo que nos impedirá reutilizarlo para la próxima epidemia que vendrá. Igual que hay mucha gente trabajando en sacarnos de esta pesadilla, tiene que haber especialistas trabajando en recoger los aprendizajes. Necesitamos salir de esta crisis más inteligentes que cuando comenzó.

¿Qué rutinas de aprendizaje podemos incorporar? Resolución de Problemas (llegar a la causa raíz de lo que funciona y lo que no funciona). Experimentar y Tomar Riesgos (para generar vacunas, probar nuevas formas de tratamiento). Aprender del Pasado (qué conocimiento aprovechamos de epidemias anteriores). Aprender del Día a Día (Post mortem o revisión después de la acción). Aprender de Otros (qué han hecho Singapur o Corea del Sur). Transferir Conocimiento a quienes lo requieran (Harari pone especial énfasis en la colaboración). Y no menos importante, Aprendizaje de los Líderes y Equipos Directivos.

 

3. APRENDER DESPUÉS: ¿Qué nos quedará cuando termine la pandemia? ¿Únicamente miles de muertos y una dramática crisis económica y social que asolará a millones de personas? ¿O un conjunto robusto de aprendizajes? ¿Estaremos en disposición de asegurar que algo así no se volverá repetir? No podemos equivocarnos y pensar que una vez controlado el virus, se termina la pandemia y comienza el aprendizaje. En ese instante entraremos en la etapa de consolidar los aprendizajes recogidos durante el proceso y proponer cambios: todo aquello que es obligatorio modificar. Aprender te compromete a cambiar. El circulo del aprendizaje solo se cierra cuando se aplican esos cambios y fiscalizamos los resultados de dicha aplicaciónNo basta proponer lo que hay que hacer si no se hace. Obviamente, se requieren recursos y responsables pero si invertimos en prepararnos para guerras que no suceden, parece lógico

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